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ASI ES MARRUECOS Y ASI QUIEREN QUE SEA EL SAHARA OCCIDENTAL. AUTONOMIA PARA LA PUTA MADRE DEL SULTAN.

16 julio, 2008

El ´Mandela saharaui´ recibe otra paliza en zona ocupada Fue golpeado por la Policía marroquí poco antes de que España le denegara el visado para viajar a Las Palmas

LA OPINIÓN | SANTA CRUZ DE TENERIFE Todo sucedió el pasado martes, aunque se supo hace pocos días, cuando el activista saharaui de Derechos Humanos y presidente del Comité Saharaui de Apoyo al Derecho de Autodeterminación (Cssaso), Premio Rafto 2002, Sidi Mohamed Daddach, se dirigía al Tribunal de Primera Instancia de El Aaiún, capital del Sáhara Occidental, para asistir a un juicio que se celebraba contra cinco jóvenes saharauis por defender pacíficamente el derecho a la independencia de su pueblo, según recuerda el mismo Daddach al Servicio de Comunicación Saharaui en Canarias.
Antes de que Daddach, conocido como el Mandela norteafricano por ser el preso de conciencia saharaui que más tiempo ininterrumpido ha permanecido en las cárceles marroquíes (24 años), pudiera entrar en el Tribunal, cinco miembros de las fuerzas de seguridad marroquíes, tres de ellos parte de la cúpula policial de la ciudad, “me insultaron, agredieron y amenazaron de muerte bajo la dirección del oficial Mohamed Hassani”, denunció la víctima.
Daddach ya había recibido una paliza, denunciada por numerosos organismos internacionales de Derechos Humanos comoAmnistía Internacional, el pasado 17 de junio, cuando iba a dar la bienvenida a otro preso político saharaui liberado de prisión después de dos años de cautiverio, Brahim Sabbar.
La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) le invitaba unos días después a la Conferencia Internacional de Juristas por el Sahara que se celebró en Las Palmas el 27 y 28 de junio, pero el cónsul español en Agadir, José María Rodríguez Coso, le denegó el visado alegando falta de documentación, lo que ha sido desmentido categóricamente por diversas fuentes y por él mismo.
Poco después de que se produjera el altercado violento contra Daddach, los cinco jóvenes saharauis acusados, Omar Khnaibila, Bachir Jadda, Mohamed Bachir, Hasan Dah y Abdesalam Lumadi, entraban en la sala del tribunal gritando eslóganes a favor del derecho a la autodeterminación e independencia del Sahara Occidental.
Los cinco presos políticos saharauis declaraban ante tribunal que fueron “objeto de tortura por parte de la policía marroquí en El Aaiún a causa de su participación en manifestaciones pacíficas y a sus ideas políticas a favor de la independencia del Sahara Occidental” y uno de ellos, Lumadi, denunciaba haber sido “violado con una botella de cristal por agentes de la policía marroquí que aún se encuentran en la ciudad”, pidiendo al tribunal que “investigue el asunto para que los responsables sean enjuiciados por el crimen que cometieron”, asegura el Colectivo de Defensores Saharauis de Derechos Humanos (Codesa) en un comunicado al que ha tenido acceso Scsc.
En la sala del tribunal estuvieron presentes cinco observadores españoles, dos del Consejo General de la Abogacía Española y tres del Observatorio de Derechos Humanos de Badajoz. El tribunal marroquí de Apelación de Segunda Instancia en El Aaiún, “haciendo caso omiso a las declaraciones de los reclusos y de los argumentos de la defensa”, ratificó la pena de 10 meses de prisión firme a cada uno de los cinco presos políticos saharauis.
Sobre la negativa a acudir a Las Palmas, explicó Sidi Mohamed Daddach: “Sólo puedo decir que se presentaron todos los documentos necesarios y que incluían la solicitud oficial y el respaldo de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Además, he sido reconocido ante todas las instancias y de forma oficial como activista de Derechos Humanos por organizaciones tan serias y con tanta credibilidad como Amnistía Internacional. El rechazo a mi solicitud de visado no tiene base y me siento muy dolido”.

Prohibidos los testimonios de la represión

Efe
El Tribunal de Primera Instancia de Rabat ordenó el viernes la suspensión temporal de la publicación por parte del semanario Al Hayat al Yadida de testimonios relacionados con los años de represión bajo el reinado de Hasán II. El director del semanario, Mohamed Hafid, fue juzgado por este tribunal por una querella presentada por el Consejo Consultivo de Derechos Humanos (CCDH), para impedir la publicación de testimonios recogidos por la Instancia Equidad y Reconciliación (IER) sobre el asesinato, en 1965 en París, del líder socialista marroquí Mehdi Benbarka. El tribunal pidió al semanario, en la persona de su director de publicación, suspender la publicación bajo la amenaza de una multa de 500 dirhams (unos 45 euros) por cada día de retraso. La querella fue presentada por el presidente del consejo, Ahmed Herzeni, que consideró ilegal la publicación de esos testimonios, tutelados por el CCDH, por la falta de leyes en Marruecos que traten de la utilización de archivos. Dichos testimonios fueron recogidos por la IER, que fue creada para investigar la situación en materia de derechos humanos desde 1956 hasta 1999 y que entregó al rey Mohamed VI, el pasado 16 de diciembre 2006, un informe de más de 700 páginas sobre la represión en dicho periodo. Otro diario, “Al Yarida al Ula”, fue juzgado por este mismo tribunal a raíz de una querella del presidente del CCDH, por publicar testimonios sobre le represión de los saharauis, en la época de Hasán II.
A “Al Yarida al Ula” le fue impedido por ese tribunal publicar los testimonios y fue obligado a devolver los documentos al CCDH.

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RETRATO DEL SULTAN DE MARRUECOS: «EL REY DE LOS POBRES» jejejeje

16 julio, 2008

Mohamed VI
El rey nazi-macaco

La opinión pública española asiste atónita y espantada a las imágenes de los emigrantes subsaharianos entregados a la policía marroquí y abandonados por ésta en mitad del desierto, sin agua ni alimentos. Sin embargo nadie debería sorprenderse. Acontecimientos de ésta o similar naturaleza son moneda corriente en el territorio de nuestro país vecino, gobernado con puño de hierro por una oligarquía de usos semifeudales y regido por un monarca al que –parafraseando a Alfred Jarry– ningún otro calificativo conviene más que el de rey nazi-macaco

Corrupción real

Mohammed VI encarna en su persona las atribuciones del presidente de la Conferencia Episcopal, el rey, el presidente del Gobierno, el primer banquero, el jefe del Estado mayor de la defensa y el presidente del Tribunal Supremo todos juntos

Siguiendo las descripciones, imágenes comparativas y datos ilustrativos que ofrece el periodista marroquí Alí Lmrabet –encarcelado por dirigir una revista satírica que se atrevió a caricaturizar al rey– Mohammed VI encarna en su sola persona los atributos y potestades que en nuestro país corresponderían al presidente de la Conferencia Episcopal, el rey, el presidente del Gobierno, el primer banquero, el jefe del Estado mayor de la defensa y el presidente del Tribunal Supremo todos juntos.

Un poder omnímodo que se sostiene sobre tres sólidas patas. Una corrupción institucional sin límites, que se extiende desde las comisiones por el tráfico ilegal de drogas o el de emigrantes clandestinos que –de un modo u otro– ascienden por la escala jerárquica de jefes policiales, jueces y altos funcionarios para acabar en las arcas de la Casa real, hasta la propiedad de la mayoría de las acciones del holding industrial y financiero, Omnium Nord Africain –ONA–, que mueve un porcentaje decisivo del PIB nacional y copa el 60% de la capitalización de la Bolsa de Casablanca. Un complejo y reducido núcleo oligárquico de empresarios, altos burócratas y militares que conforman un entramado de poder paralelo compuesto por las redes leales a Palacio, en que el monarca es el epicentro de esta oscura organización, tradicionalmente conocida con el término intraducible de Majzen, que forma el auténtico gobierno en la sombra de Marruecos, apoyándose en un omnipresente régimen policiaco. Y, finalmente, en la permanencia de una relación especial con Francia que ha sabido combinarse con el establecimiento en paralelo de una línea directa con Washington.

“El rey gana más que todos los marroquíes juntos” gritaban en los semáforos a finales del pasado año los vendedores de prensa en Casablanca (capital económica del país) anunciando la publicación en la revista Tel Quel de las cuentas de la Casa real. En el reportaje se daba cuenta de que su presupuesto anual declarado asciende a 248 millones de euros (más de 41.000 millones de las antiguas pesetas). Comparativamente, la Casa del Rey de España dispone de apenas 8 millones de euros para 2005, una cantidad similar a la que gastan Bélgica, Holanda o las monarquías nórdicas. Entre las propiedades privadas de Mohammed VI se encuentran una docena de palacios en diferentes localidades del país, así como numerosas residencias de lujo y casas en Francia, EEUU, Suiza y otros países. A lo que hay que añadir decenas de miles de hectáreas cultivadas por todo el país con una gran producción de vino y cereales. Así como la propiedad real del holding ONA, el peso pesado de las empresas del reino, dedicado a la producción agroalimentaria, la minería, la distribución, la televisión, la banca, los seguros,… y del que la familia real es la primera accionista del grupo, heredado del banco francés Paribas. De conjunto, la revista mensual Economie et Entreprises calculó en 2001 que la fortuna de la familia real marroquí ascendía a 584 millones de euros (casi 100.000 millones de pesetas) sin contar el patrimonio inmobiliario.

Y mientras tanto, el desempleo y la pobreza se extienden entre las clases populares, que han visto cómo en los últimos 5 años descendía todavía más su ya ínfima renta per cápita en un país que en 2004 ha caído al puesto 125 de entre 177 países en el ranking de desarrollo humano de la ONU. Y que en el mundo árabe sólo está por delante de Sudán, Mauritania, Yemen y Djibuti.

Pero los grandes intereses de la monarquía en el mundo de los negocios son sólo un aspecto del desequilibrio en las relaciones de poder en Marruecos. El rey y su entorno palaciego siguen ostentando de facto un poder absoluto sobre todos los asuntos decisivos que afectan al conjunto de la sociedad marroquí. Para la mayoría de organizaciones de derechos humanos (Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Federación Internacional de Derechos Humanos,…) los atentados de Casablanca han supuesto un deterioro todavía mayor de los derechos civiles y políticos. En sus informes denuncian el aumento de casos de detenciones ilegales, torturas, manipulación de testimonios, procedimientos arbitrarios, ausencia de testigos, falta de pruebas y denegación del derecho a la autodefensa. Las iniciales promesas de apertura, democracia y modernización se han convertido, 6 años después de la entronización de Mohammed VI, en la consolidación del régimen teocrático-feudal-policíaco que con tanta habilidad como persistencia construyó su padre. Y que ha tenido como conclusión, por el momento, el trágico destino de los emigrantes subsaharianos condenados a vagar y/o morir en el desierto por la abyección y la pueril crueldad de tan grotesco personaje coronado.

Mientras España siga teniendo conflictos territoriales con el reino alauita, bien sea por Ceuta, Melilla o por Perejil, la preponderancia de Francia en Marruecos estará a salvo. Esto lo conoce bien –y desde hace tiempo– París y se dedica a cuidarlo con esmero. No sólo promoviendo, alentando o consintiendo periódicamente incidentes fronterizos como el del islote de Perejil en 2003, sino creando cuidadosamente el entorno francófilo en el que crece la clase dirigente marroquí.

Como la mayor parte de los jóvenes de la elite marroquí, que desde hace generaciones estudian en Francia, Mohammed VI completó su educación en la Universidad Sophia Antipolis de Niza, donde se doctoró en Derecho en 1993. E incluso durante algún tiempo trabajó en la Comisión Europea bajo la supervisión directa del presidente de entonces, el francés Jacques Delors. Sin embargo, esto fue tan solo el corolario. Su formación francófila, en realidad, arranca desde bastante antes.

Como el resto de miembros de la monarquía alauita, Mohammed VI se educó en el Colegio Real, una institución creada ad hoc en la que, junto a los miembros de la Casa real, estudian alumnos elegidos cuidadosamente en todo el país, tanto por su vinculación con el majzen como por la brillantez de sus currículos. Pese a estar instalado físicamente dentro de los límites del palacio real, el Colegio Real no está financiado por la monarquía marroquí, sino que su presupuesto corre íntegramente a cargo de la República Francesa. Un coste que, de acuerdo a un informe del Senado francés del año 2001, asciende a más de 100 millones de pesetas anuales. Desde París se elige y se costea la contratación de eminentes catedráticos de todas las disciplinas –incluidas lenguas extranjeras como el castellano– reclutados de entre las mejores universidades francesas. Como hicieron con su padre, la educación y la formación de la familia real marroquí es un asunto prioritario, de Estado, para Francia. Y por eso durante su etapa escolar en el Colegio Real enviaron como director a Raymond Deville, antiguo preceptor de Hassan II.

Francia conoce bien el sistema político marroquí y por ello dedica dinero, atención, diplomacia y esfuerzos para que el entorno de la Familia Real no pueda entenderse al margen de los vínculos que ella misma promueve. La influencia francesa domina en exclusividad las escuelas privadas y universidades marroquíes en las que se forma la elite dirigente del país. Muchos de los llamados a ser los principales cuadros del Estado reciben directamente su formación en las grandes escuelas superiores francesas. Los principales consejeros y asesores de Mohammed VI tienen en común haber sido formados en el sistema de educación privado francés y/o en universidades francesas. Ello constituye una privilegiada base de vínculos e influencias sobre la que se asienta las sólidas y fluidas relaciones entre Rabat y París.

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ASI ES MARRUECOS HOY EN DIA… Y ASI QUIEREN QUE SEA EL SAHARA?

16 julio, 2008

Marruecos, un vecino molesto

ANTONIO MEDINA DÍAZ | Badajoz | 15/07/2008 | 

Nadie duda de que las relaciones entre vecinos deben ser lo más cordiales posibles, sobre todo cuando se trata de países y por parte del país anfitrión que recibe la visita oficial del jefe del Ejecutivo de un país amigo. Pero la teoría, en el caso de nuestro vecino del sur, hay que demostrarla con los hechos y éstos no son del todo amistosos.

Las relaciones de vecindad con el país magrebí dan la sensación de ser, por un lado, las características del amigo molesto que no desaprovecha la ocasión de sacar a relucir cuestiones, reivindicaciones y exigencias que tendrían que estar totalmente olvidadas y, por otro, la inoportunidad de plantearlas en cualquier visita que los representantes españoles realizan a Marruecos. Tampoco dejan pasar nunca la ocasión para despacharse a su gusto cuando los políticos marroquíes se manifiestan ante la audiencia de las televisiones públicas marroquíes dentro de ese clima de amistad que se enmarcan las relaciones entre los dos países.

Es necesario recordar la visita de los Reyes a las ciudades de Ceuta y Melilla que son tan españolas como cualquier ciudad del territorio nacional, que les causó tanto malestar que produjo la llamada inmediata a consulta del embajador marroquí en Madrid con las connotaciones que ello supone.

La reciente visita del presidente Rodríguez Zapatero tuvo, según la prensa, la bienvenida con una única y pequeña bandera nacional colocada en sentido invertido entre centenares de enseñas marroquíes. ¿Es el tratamiento adecuado que se merece España?¿De esta forma se califican las «profundas y sólidas» relaciones hispano marroquíes?

Podemos suponer que para la anunciada visita de los representantes marroquíes a la próxima Reunión de Alto Nivel a celebrar en Madrid, nuestro país muestre su categoría y engalane las calles con enseñas representativas de los dos países para que se encuentre a fusto el vecino del sur.