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MARRUECOS, UN PAIS MUY DESARROLLADO

12 agosto, 2008
 Marruecos es el país con mayor número de detenidos españoles por drogas. Las historias que salen de entre sus muros son infrahumanas.

«Estoy en una celda de 40 metros con 30 personas. Tengo que dormir en el suelo y no hay dónde ducharse. La comida es agua caliente con colorante y no hay dónde lavar la ropa. Cuando sales al patio los guardias tienen una goma y pegan a todo el que pillan, y está lleno de vidrios y basura».

Esta relato, de un preso ingresado en Tánger llegó a oídos del Defensor del Pueblo hace un par de años y, a raíz de esta queja, inició una investigación constatando que los malos tratos que denunciaban muchos presos españoles eran ciertos.

La situación no ha cambiado, a la vista de lo que han relatado vía telefónica a La Verdad dos de los reclusos de la cárcel de Tánger, -una prisión, dicen, donde cumplen condena 2.700 presos, pese a tener capacidad para 1.500-, y hasta donde no hace muchos días había encerrado un albaceteño que fue puesto en libertad al no haber encontrado pruebas contra él, según relatan.

Engañado por su jefe

Uno de ellos, un conductor de autobús, fue apresado en la frontera con 106 kilos de hachís, «yo no sabía nada, mi jefe me engañó, se fue a sacar el billete del barco para cruzar y me dejó solo en el momento de la detención», relata con amargura.

Ha sido condenado a 4 años y medio de prisión, apenas lleva cumplido uno y su única esperanza es que haya un indulto generalizado «están diciendo por aquí que un hermano del rey se va a casar, a lo mejor entonces…».

Otra opción es el traslado a una cárcel en España, pero para solicitarlo debe esperar a tener cumplida la mitad de la pena y después aguardar otro medio año para lograr el traslado. Mientras tanto sobrevive como puede. «Esto es inhumano, un infierno», dice tajante. Comparte celda, unos 40 metros cuadrados, con otros 35 presos; algunos españoles, pero la mayoría marroquíes condenados por todo tipo de delitos. Una vez al día «pasan con una olla de algo que no se le puede llamar comida», así que hasta ahora sobrevivían alimentándose de conservas que compraban con los 120 euros mensuales que les asigna el Consulado de España en Marruecos, «pero nos acaban de prohibir las latas, así que no se cómo vamos a sobrevivir, a fuerza de comer tomates y pan». En los últimos años, según recoge en sus informes el Defensor del Pueblo, varios españoles han fallecido en prisiones marroquíes sin haber recibido el tratamiento médico adecuado para sus enfermedades. Este chófer de autobús confirma que en la prisión de Tánger la higiene es una palabra desconocida, «las cucarachas ya ni nos molestamos en quitárnoslas de encima», y la asistencia sanitaria es casi nula, «si no tienes un paquete de Marlboro, el enfermero que te tiene que poner la inyección te la pone mal a propósito».

Y es que, asegura, la corrupción en estas cárceles es tal que todo se compra y se vende. «Por la noche -relata- entra gente que lo mismo te venden pasteles que chilabas, es increíble, aquí te cobran incluso por respirar, hasta por tener cama hay que pagar 600 euros».

Viven de los presos

«En Marruecos no se casan con nadie, los abogados son de lo peor y los presos europeos son un auténtico negocio, todos viven de ellos», asegura Julia Bonavilla, presidenta de Asochofer, una asociación que desde el 2002 lucha por los chóferes que han caído entre rejas en el extranjero. « El sector del transporte están tan mal, que el camionero que tiene las letras sin pagar y tiene que sacar adelante a su familia, puede caer en la tentación, pero eso no justifica que tengan que cumplir la condena entre cucarachas, ratas, piojos y sarna», dice Bonavilla, que estima que un 70% de los presos «sabían a lo que iban, pero también hay otros pardillos que son engañados».

Sus palabras son corroboradas por otro recluso de la prisión de Tánger. Un empresario español que un día se vio en apuros económicos y accedió a hacer de ‘correo’, «me abordaron por la calle, me propusieron pasar un coche y yo accedí», admite. Ahora, insiste en que haber cometido un delito, por el que ha sido condenado a 4 años, no es razón para ser confinado en una cárcel donde no tienen atendidos ni los derechos de alimentación, higiene y sanidad más básicos.

Este preso se queja de que las autoridades españolas no hagan más por ellos, «puedo dar fe que de los 120 españoles que estamos en la prisión de Tánger, 90 son personas que un día tomaron una decisión equivocada en su vida, pero no son delincuentes».

Todo el día encerrados

Como a su compañero, la cárcel le ha pasado factura a su salud, «tengo una úlcera de estómago, una hernia de hiato y padezco de ansiedad, pero aquí si quieres un ansiolítico tienes que pagar el doble de lo que vale y el médico que te ve es pero que un veterinario».

El día a día se lo pasan prácticamente encerrados en las celdas, pues no existe ningún tipo de actividad para los presos, nada más que salidas al patio de apenas tres horas de lunes a viernes, mientras que los fines de semana sólo les dejan estirar las piernas en el pasillo, una galería de 40 metros de largo y 4 de ancho, para más de 700 reclusos.

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