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BARACK OBAMA, CEUTA Y MELILLA

6 noviembre, 2008
Un halo de esperanza      
Escrito por Irene Flores   
jueves, 06 de noviembre de 2008
Barack Obama, el nuevo presidente de Estados Unidos.

Barack Obama, el nuevo presidente de Estados Unidos.

El mundo ha dado un paso de gigantes con la proclamación de Obama como nuevo presidente de Estados Unidos.  El color de su piel es todo un simbolismo del nuevo milenio, de la nueva era que acabará por traernos este siglo prácticamente recién iniciado.

En un mundo posible y futuro, donde las fronteras que hoy ya se han eliminado en el ámbito económico no existan tampoco para el tránsito de personas, no tendrá importancia el origen racial, étnico o cultural. El mundo forzosamente debe ser cada vez más ecléctico sin que ello suponga el olvido de nuestras propias raíces, de nuestras particularidades culturales, de las señas de identidad propias que lejos de separarnos deben servir para enriquecernos.
Se abre una etapa de expectación pero también de interrogantes. Son muchas las esperanzas depositadas en Obama en el conjunto del planeta. No sólo Estados Unidos ha votado por un cambio. La crisis financiera del sistema capitalista reafirma la necesidad de realizar ajustes más racionales, menos proclive a la especulación a costa del esfuerzo de los seres humanos.
Es preciso un mundo más justo, menos voraz en el apetito infinito del consumismo, más acorde con nuestras necesidades reales y más humano en la correspondencia entre los actos y la escala de valores mínima por la que debemos regirnos para no olvidar nunca la necesidad de reflejarnos en el otro, en el prójimo si lo prefieren, como si fuéramos nosotros mismos.
Deseo con toda mi alma que Obama represente de verdad una oportunidad para un mundo nuevo. Por lo pronto ya la ha significado. Su elección, siendo negro, es un paso de gigantes para la historia del mundo y no sólo de América. Como decía un insigne catedrático en las tertulias españolas durante la noche electoral americana, Manuel Castells, la elección de Obama es comparable a la proclamación de un español de origen magrebí e hijo de inmigrantes como nuevo presidente de nuestro país.
Al igual que los americanos llegará el día en que podamos eliminar también de nuestro horizonte todos los perjuicios que levantan barreras indeseables en nuestra sociedad. Las personas valen por sí mismas, con independencia de su sexo, su origen, su procedencia étnica o racial. Hace 60 años que lo proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos y es algo que debe incorporarse de facto a todos los órdenes de nuestra vida, de nuestra forma de sentir, actuar, trabajar y vivir en público y en privado.
El halo de esperanza que recorre el mundo tiene hoy en Melilla una perspectiva añadida y singular. La visita de los Reyes de España hace un año, de la representación física de una institución que cooperó decididamente por transformar nuestro país hasta lograr la actual Democracia que actualmente disfrutamos, se convierte con el paso del tiempo en una efeméride de gran importancia que este año celebra su primer aniversario.
La visita real supuso nuestra confirmación más si cabe en la actual España constitucional. Contribuyó a otorgarnos el respaldo institucional que Melilla y Ceuta merecen. Hizo posible además que la realidad de la Melilla moderna se difundiera por todo el mundo superando viejos tópicos e imágenes desfasadas y anacrónicas que nuestra propia evolución social se ha encargado de superar convenientemente.
Hoy todos podremos detenernos un momento en el recuerdo de un día que se quedó marcado para siempre en nuestra memoria y en la historia colectiva de los melillenses e incluso de España.

Revivirlo forma parte de la recreación de la Melilla moderna, que en el anclaje de su interculturalidad encuentra la mejor garantía de futuro frente a las anacrónicas pretensiones anexionistas del Marruecos cercano.
Ojalá que el halo de esperanza que la elección de Obama ha trasmitido al conjunto del planeta sirva también para echar abajo por siempre esos viejos anacronismos que no contribuyen a aproximarnos más a Marruecos, a cumplir con el papel que nos corresponde como plataforma de Europa a este otro lado del Estrecho.
Pueden tacharme de utópica e ilusoria, pero hace poco más de un año pensar que los Reyes pudieran visitarnos parecía un imposible que sólo satisfacía a los más derrotistas. Hoy podemos decir que es algo superado e incorporado al devenir de nuestra historia y nuestras propias vidas.

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