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EL TESTIMONIO DE UNA SAHARAUI TORTURADA EN LOS TERRITORIOS OCUPADOS

23 noviembre, 2008

“Sultana Jaya: “Podemos resistir cien años, nunca nos van a doblegar”

Santa Cruz de Tenerife/ El caso de Sultana no es único. La mujer saharaui ha sido desde la ocupación marroquí del Sahara Occidental en 1975 la piedra piramidal sobre la que se ha asentado la resistencia de su pueblo. Violaciones, torturas, malos tratos, detenciones arbitrarias, abortos forzosos, asesinatos de bebés, secuestro de sus hijos o desapariciones son las armas que se despliegan contra ellas un día tras otro desde hace 33 años, tal y como confirman organizaciones internacionales de tanta credibilidad como Amnistía Internacional o Human Right Watch.
Sultana es una de ellas, un caso que simboliza la tragedia de todas y cada una de las mujeres saharauis, sus madres, sus hijas y sus hermanas, una tragedia que apenas despierta el interés de la comunidad internacional y de aquellos gobiernos que se denominan democráticos.

El 9 de mayo de 2007, Sultana Jaya, una joven saharaui natural de Bojador “desterrada” por las autoridades de ocupación en el Sahara al territorio marroquí por su participación en manifestaciones pacíficas en defensa de los derechos humanos, participaba en una sentada junto con sus compañeros estudiantes de la Universidad de Marrakech. Súbitamente, centenares de unidades antidisturbios cargaban contra las pocas decenas de estudiantes saharauis que coreaban consignas y Sultana era “salvajemente golpeada”. Fruto de “la paliza” la bella joven saharaui perdía un ojo. 

Sujetándolo en su propias manos, era trasladada a la comisaría de Jamaa Lafnaa. Sin recibir asistencia médica alguna, Sultana era interrogada durante horas al borde de la inconsciencia. Aún así, todavía recuerda a uno de los policías decirle a un compañero que le pegara más para que perdiera su entonces ya único ojo y le viene a su mente la imagen de los gatos de la comisaría lamiendo su sangre mientras permanecía tirada en el suelo. Hoy, recuperándose en España de las secuelas de la salvaje agresión, sólo espera volver al Sahara mientras intenta dar a conocer la situación que viven los saharauis en su propia tierra.

¿Por qué decidió ir a estudiar a Marrakech?

“Fui desterrada a Marruecos por mi implicación en la Intifada que iniciamos en mayo de 2005. Decidí proseguir mis estudios de francés en una academia de cierto prestigio y la más cercana era la de Marrakech”.

¿Mantenía actividades políticas antes de su detención?

“Por supuesto, yo al igual que muchos jóvenes saharauis hemos mantenido un compromiso con nuestra causa nacional y llevamos a cabo actividades políticas y de defensa y reclamación de nuestros derechos humanos”.

¿Qué clima existía en la comunidad de estudiantes saharauis en Marrakech los meses y días anteriores a ser detenida?

“De ebullición. A diario llevábamos acabo actividades dentro del campus. Sentadas, manifestaciones solidarias con los presos políticos saharauis y las victimas de las agresiones de  los destacamentos de intervención marroquíes en las ciudades saharauis ocupadas y en el sur de Marruecos. El régimen marroquí debía tener constancia de nuestra presencia y lucha diaria”.

¿Cómo pudo abandonar el territorio controlado por Marruecos y cómo ha sido el proceso de su recuperación?

“Gracias a  una ONG sueca  me fue otorgado un visado humanitario sin el conocimiento de las autoridades marroquíes. Estuve una semana en Estocolmo, dando charlas y testimonio de lo que está ocurriendo en las zonas ocupadas y la falta de garantías en materia de derechos humanos. El 9 de septiembre llegué a finalmente Barcelona donde fui sometida a  una operación muy delicada para colocarme una prótesis ocular. A día de hoy, sigo con revisiones periódicas, sufriendo dolores intensos en la cabeza y las secuelas de los golpes”.

¿Tiene previsto volver a vivir al Sahara?, ¿cuándo?

“Por supuesto, ardo en deseos de reanudar mi lucha diaria donde la dejé, junto a mis compañeras y compañeros y lo haré en cuanto consiga el alta médica”.
 
La tragedia que vivió y la forma de enfrentarse a ella le han llevado de ser una anónima estudiante saharaui en el campus de la universidad de Marrakech a convertirse en un símbolo para su pueblo. ¿Cree que su vida en el Sahara volverá a ser igual alguna vez?, ¿en qué cambiará?

Mi vida cotidiana es la misma y mi sacrificio es por una causa justa, la causa de nuestro pueblo. Yo no soy un símbolo, símbolos son los caídos en combate y en las mazmorras marroquíes. Sólo cambiará que desde ahora y en adelante veré al régimen marroquí con un solo ojo, pero preciso e intenso, y no escatimaré ningún esfuerzo para luchar sin tregua hasta la victoria final”.

Sabe que si vuelve las autoridades marroquíes volverán a intentar callar su voz por los medios más efectivos posibles ¿No tiene miedo?

“No tengo miedo. Estoy segura de que mi vida no vale más que la de otros compatriotas”.

Después de que Marruecos haya estado 30 años intentando privar a las nuevas generaciones saharauis de conocer su historia y borrar cualquier signo de su propia identidad, los jóvenes saharauis se han convertido en el elemento más activo de la lucha del pueblo saharaui por su libertad, ¿cómo han vivido los estudiantes, los jóvenes, incluso los niños saharauis, esta toma de postura activa en la lucha de su pueblo?, ¿cómo cree que se ha producido el proceso?

“Marruecos se equivocó pensando que con el tiempo esto se acabaría. Subestimó la fuerza y la voluntad de nuestro pueblo y el potencial que forman las nuevas generaciones de saharauis. Nosotros tenemos la convicción de que la justicia basa la causa que defendemos”.

Tras la decidida e inesperada toma de postura de los jóvenes saharauis que ha convulsionado toda la sociedad saharaui desde su interior así como el proceso histórico y político en el que está sumido su pueblo, ¿se puede decir qué diferencias se existen entre su planteamiento y el que hasta ahora han mantenido las generaciones que lucharon antes que ustedes por la causa de la liberación saharaui?

“No existe tal diferencia, sólo se trata de una adaptación a la nueva situación. Después de esta espera tan larga, había que actuar y la Intifada era la alternativa más lógica. Es un método más para arrebatar nuestros derechos legítimos a quien nos los usurpó”.

¿Siendo niña era ya usted consciente de la situación que vivía su pueblo?, ¿cómo lo percibía?

“Todos, desde la más tierna infancia, hemos vivido el terror y la persecución diaria de nuestros mayores, este hecho nos  hace perder la inocencia propia de la infancia y madurar  de forma apresurada”.

Tanto el Frente Polisario como la sociedad saharaui en general recibe presiones enormes de los jóvenes para reanudar la lucha armada, ¿qué opina sobre este posible regreso a la guerra?

“Nadie desea  la guerra, somos un pueblo que ama la paz. La invasión nos obligó a empuñar las armas porque era la única alternativa que nos quedaba”.

Desde su detención y especialmente desde su llegada a España y su actitud de denuncia de la situación del pueblo saharaui en los territorios ocupados en numerosos foros en los que ha intervenido, ¿ha sido su familia que permanece allí objeto de alguna amenaza, presión o agresión por parte de las autoridades marroquíes?

“Sí , los mantienen en un estado de vigilancia permanente y les aplican un boicot económico para silenciar mi voz y la de los demás activistas”.

Usted mantiene contacto habitual con los territorios saharauis ocupados por Marruecos, ¿cómo es la situación en estos momentos?

“Sigue la represión y las continuas violaciones de los más mínimos derechos, las detenciones diarias, los juicios sumarios, y maltrato continuo”.

¿Y cómo calificaría el exilio de gran parte de su pueblo en los campamentos de Tinduf después de 33 años?

“Obviamente es una tortura, pero no hay alternativa. No es culpa exclusiva de marruecos, la comunidad internacional es particípe de todo esto y especialmente el Estado español. Es hora de que asuma su responsabilidad en la descolonización del Sahara Occidental y la celebración de un referéndum libre y transparente para que el pueblo Saharaui pueda expresar su opinión. Eso sí, tenemos la suficiente convicción en la justicia de nuestra causa y podemos resistir cien años, la paciencia es un `defecto´ de los nómadas del desierto pero nunca nos van a doblegar”.

Fuente original: http://canarias24horas.com/index.php/2008112358182/internacional/sultana-jaya-podemos-resistir-cien-anos-nunca-nos-van-a-doblegar.html

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MELILLA: POLICIAS AGREDIDOS DE NUEVO POR MARROQUIES

23 noviembre, 2008

Decenas de marroquíes atacan la frontera de Melilla

Un policía, herido por una pedrada en los disturbios

Cientos de marroquíes apedrearon a policías y guardias civiles españoles ayer por la tarde en la frontera melillense de Beni Enzar al tiempo que trataban de entrar a la fuerza en la ciudad autónoma. Los antidisturbios españoles replicaron cerrando la verja fronteriza y dispararon salvas de aviso y pelotas de goma sobre los jóvenes agresores y los policías y aduaneros marroquíes que estaban mezclados entre ellos, según testigos del suceso.

Un policía español resultó herido en la cara por una pedrada y tuvo que ser trasladado al hospital comarcal de Melilla donde le dieron cinco puntos. Otros agentes españoles sufrieron heridas de menor consideración. Del lado marroquí hubo también varios heridos, entre ellos un aduanero que encajó en el pecho una pelota disparada a corta distancia. Fue trasladado al centro hospitalario de Nador, ciudad a 15 kilómetros de Melilla.

El incidente empezó, como otros anteriores, por la persecución de una porteadora marroquí por un aduanero que pretendía arrebatarle la mercancía que llevaba de contrabando. El aduanero penetró cinco o seis metros en territorio español y entonces le salió al paso un policía que le exigió que se marchase porque había entrado en España.

“Yo forcejeo con ella donde me da la gana y además Melilla es Marruecos”, le respondió el aduanero. El policía español le golpeó con su porra para obligarle a que le obedeciese. El funcionario marroquí gritó entonces para denunciar el supuesto atropello. En cuestión de segundos, los jóvenes que merodean del lado marroquí de la frontera y mujeres porteadoras que ya habían regresado a Marruecos empezaron a recoger piedras y botellas y a lanzarlas del lado español.

Las fuerzas de seguridad españolas cerraron la verja hasta que volvió la calma. Desde hace meses se han producido serios incidentes en las fronteras de Melilla; el último, la muerte por asfixia el lunes de una porteadora en la entrada de Barrio Chino.

Fuente original: http://www.elpais.com/articulo/espana/Decenas/marroquies/

atacan/frontera/Melilla/elpepiesp/20081123elpepinac_15/Tes

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CARCELES MARROQUIES: CUCARACHAS EN EL OIDO

23 noviembre, 2008

CUCARACHAS EN EL OIDO

Para la mayoría de los marroquíes, las cárceles del país no son más que un meollo de corrupción, soborno, drogas y enfermedades contagiosas. Los centros penitenciarios del país reflejan cada día la situación tan  peligrosa que padecen los reclusos dentro de estas instituciones.  
Los distintos informes de prensa nacional y de oenegés informan que las cárceles del país contienen el doble de su capacidad de presos, lo que significa que estos centros penales albergan todos lo males habidos y por haber, producto de esa masificación. Las oenegés reciben a diario decenas de denuncias sobre malos tratos y prácticas de tortura por parte de los vigilantes, además del hacinamiento en las cárceles donde el número de presos supera los 69.000, mientras que la capacidad de alojamiento de todas las cárceles del país es de unos 20.000, según las estadísticas oficiales.
El ministro de Justicia, Abdeluahid Radi, declaró recientemente en el Parlamento marroquí que en el presupuesto de 2008 de su departamento y ante el deterioro de algunas cárceles y la subida del número de internos, está previsto construir 20 nuevos complejos penitenciarios.
Cuando los presos marroquíes viven en cárceles donde las condiciones de vida son “muy lamentables” en materia de alimentación, higiene y salud otros aprovechan para montar sus propios negocios dentro de dichos centros, desde la venta de drogas, el tabaco, tarjetas  de recarga de telefonía móvil, hasta casi un mini mercado montado por algunos salafistas en algunos centros.
Así las cosas, los salafistas e islamistas encarcelados están convirtiendo últimamente  sus celdas en emiratos privados. Hace unos meses, un salafista consiguió meter a su novia escondida en una bolsa hasta su propia celda sin ser descubierta por los vigilantes de la cárcel. Famosas han sido también las noticias que han reflejado la estancia entre rejas de conocidos delincuentes que han podido permitirse determinados lujos gracias al manejo de dinero dentro de la cárcel. Según fuentes dentro de la cárcel de Tánger “Sat Vilage”, el soborno, la heroína y las enfermedades sexuales “arrasan” en dicho centro.
Esta situación llamó la atención de la ministra de Salud, Yasmina Baddu, que afirma que su ministerio desplegó esfuerzos en favor de la salud penitenciaria mientras que la prisión de de Inezgan (sur del país) que aloja 1.400 presos no dispone de ningún médico.
La mayoría de las cárceles marroquíes carecen de bibliotecas, campos de deportes o de algunas actividad de ocios. La vida de los presos se limita a comer y dormir y al consumo de drogas que se venden libremente y en abundancia bajo los ojos de los responsables. Las cárceles constituyen un mercado propicio a toda clase de comercios que comienza con el “jefe de habitación” y termina por la administración: los precios de conseguir un buen  lugar para dormir en una celda varían según el área y el sitio en la celda. La  vida diaria  de muchos prisioneros es la represión, la injusticia y  las peores formas de discriminación.

Cucarachas en el oído

Un total de 219 españoles, de los que 26 son mujeres, cumplen sus condensa en las distintas cárceles de Marruecos, la mayoría de ellos acusados de un delito de tráfico de drogas y con penas menores a los cinco años de prisión, según los últimos datos facilitados por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, correspondientes al 31 de octubre de 2008.
De ellos, más de la mitad de los internos cumplen condena en la prisión de Tánger, una cárcel en la que los reclusos viven hacinados, con falta de higiene y sin acceso al agua caliente, según varios los sucesivos informes de Amnistía Internacional y Asochofer, la asociación que agrupa a conductores y camioneros, uno de los sectores con más integrantes en las cárceles de Marruecos acusados de traficar con drogas.
El penitenciario tangerino, popularmente conocido como ‘Sat Vilage’, cuenta con el doble de reclusos de lo que su capacidad permite. Tras él, se sitúan por número de españoles encarcelados, la cárcel de Tetuán, con 48 españoles 18 de ellos son de Ceuta, seguido por la cárcel de Nador, con 17,  Casablanca, donde hay siete,  la de Rabat, con 6, y finalmente, la prisión de Agadir, con un dolo español, según las  cifras oficiales del departamento de Interior.
Los presos ceutíes lo están por su incriminación en delitos relacionados con el tráfico de drogas o el de inmigrantes. Se trata de jóvenes que han sido detenidos cuando intentaban cruzar el paso del Tarajal y fueron interceptados por las fuerzas de seguridad marroquíes con droga oculta en dobles fondos o con algún inmigrante irregular.
Según explica un prisionero español a ‘El Faro’, la cárcel de Tánger es un verdadero infierno, “en la mayoría de las noches me levanto del sueño histérico y con un miedo de muerte al sentir las pequeñas cucarachas entrando en mi oído”,  comenta el recluso andaluz.
Por este motivo los detenidos marroquíes en España siempre rechazan la oferta de las instituciones españolas de cárceles de trasladarse a Marruecos para pasar la mitad de la condena. En España hay cerca de seis mil reclusos  marroquíes, pero ninguno quiere trasladarse a  su país.
La situación de las cárceles en Marruecos es terrible, las asociaciones de derechos humanos exigen la mejora de los recintos penitenciarios y el juicio de contra unos funcionarios supuestos responsables de algunas muertes entre rejas. La última de ellas ocurrió en la cárcel de Fez después de que unos funcionarios dejaran al recluso Buchta Budali sin ropa, sin comida y esposado durante tres días hasta que murió. Una foto hecha por el teléfono móvil de otro recluso hizo estallar el escándalo en este caso. La administración de la cárcel quiso, como siempre, tapar el asunto.

Fuente original: http://www.elfaroceutamelilla.es/content/view/21859/62/

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MELILLA: UNA VALLA, DOS MUNDOS.

23 noviembre, 2008

La valla de los mundos

La porteadora que murió pisoteada en Melilla revela el caótico comercio fronterizo en el limbo de los ‘sin papeles’

Noche sin luna en el monte Gurugú. Un grupo de africanos se desliza lareda abajo dejando atrás el chasquido del viento contra el plástico embarrado que ha sido su techo los últimos días. Humean los rescoldos de la última cena. Hablaron por el móvil con los de dentro de la valla, más allá de las luces y los alambres, y los de dentro les informaron de que en la frontera de Beni Enzar estaba el dispositivo habitual a uno y otro lado, pero que habían reforzado la guardia en los ochenta metros de valla destrozada a finales de octubre por la furia del río Mezquita. Las lluvias torrenciales en la región de Nador arrojaron sobre Melilla toneladas de cañizo y  raíces, cuarenta tortugas y lazadas de serpientes, que atravesaron la inexpugnable valla y convirtieron la ciudad en un lodazal de mugre y bichos desquiciados. Detrás de la comitiva destructora, los negros se colaron por el agujero; 45 un día, sesenta otro. Los africanos que reptan por la orilla de la alambrada, armados con ramajos y navajas, se quedaron fuera. Volverán a intentarlo. 

La estrategia de esta noche ya la probaron durante el España-Italia de la Eruocopa. Marroquíes y españoles lanzaban gritos ante el televisor. Uuuuy, casi… Pensaron que el fútbol sería su aliado. La mayoría fracasó  y volvió al Gurugú a malcomer, unos pegados a otros, calentándose entre tiritonas.
Son 150, no pasarán todos, lo saben, pero un ataque por sorpresa, a la desesperada, puede hacer ceder a las fuerzas de la frontera. Hay que franquear medio centenar de metros. Si se consigue, el resto es correr hacia la ciudad y adiós al monte. Tscchhh… Ya se ven las luces del paso de Beni-Enzar. Ahora!!! A un grito enloquecido los africanos se lanzan sobre el paso. Los gendarmes marroquíes, sorprendidos, contestan con sus porras de madera, repartiendo a diestro y siniestro. Una lluvia de golpes a la que ellos contestan con los palos arrancados a la maleza, apuñalando la nada  con sus navajas ciegas. De la oscuridad, sale un ejército de desclasados que apedrean por todos los flancos y, cuando los negros caen al suelo, les patean. “Fuera, cerdos, fuera”.  Son centenares de porteadores que, a la mañana siguiente, deberán contrabandear bultos de ropa de los chinos de Melilla a Marruecos. Y se emplean con fiereza. Los más débiles retroceden ante el empuje de los guardias y de los porteadores, volviendo a sus escondites para lamerse las heridas; otros son zarandeados y esposados. Apenas un grupo de diez ha conseguido traspasar la línea, pero allí les espera una nube de gases lacrimógenos. Los africanos lanzan dentelladas, atacan con todo. La batalla ha durado una media hora. Han perdido. 
El guardia civil de origen musulmán que nos relata el intento de asalto al paso fronterizo del pasado 10 de noviembre se detiene en su relato. “Estoy convencido de que hubo algún muerto”. Estamos en un moderno bar del puerto deportivo. Tras los veleros que duermen se ve la ensenada que pertenece a Marruecos. Desde allí salen lanchas con hachis rumbo a Alicante, ante las narices españolas. “¿Muertos?”. “¿Por qué no? La vida del negro allí no vale nada. Pregúntale a un gendarme del otro lado. Te dirá que en  Marruecos no hay negros”.
 
Ese mismo día el representante de Derechos Humanos en Melilla, José Alonso, ha comentado que no se cree la versión del asalto, que duda de que los africanos fueran armados. El presidente de la ciudad autónoma, Juan José Imbroda, denuncia la violencia de los subsaharianos. Nuestro guardia vivil se sonríe. “¿Armados? Claro, ¿qué quieren, que vengan dando las buenas noches? Les da igual que los pateen o que les den un tiro en la cabeza. Están desesperados”.
 
 Tras el fracasado asalto, antidisturbios de Fez hicieron una batida por el monte. Desmantelaron campamentos “con contundencia, por utilizar términos suaves”, explica un funcionario de la delegación del Gobierno español. Los apalean, los meten en camiones y se los llevan. “¿A dónde?” “Al desierto, a la frontera con Argelia. Vuelta a la casilla de salida”. 
 
Isabel, trabajadora de Melilla Acoge, una de las asociaciones dedicadas a atender a los inmigrantes que consiguen traspasar la frontera, afirma que “tras las cargas marroquíes deben quedar pocos subsaharianos en el monte, a lo sumo  cincuenta. Quienes han escapado han ido río arriba, esperando un momento mejor”. 
 
Imbroda ha agradecido a Marruecos su contundente colaboración. La colaboración de Marruecos depende de los fondos europeos. Así sucedió en 2005 cuando turbas de subsaharianos asaltaban cada noche la valla utilizando escaleras y dejándose las manos en los espinos ante la pasividad de los gendarmes de Mohamed VI. Lanzaban cuerdas con ganchos y tiraban de ellas derribando las alambradas. No había hombres suficientes para contener la marea. Hasta que Rabat recibió dinero europeo. De repente, Marruecos se puso las pilas y limpió su lado de la valla. 
 
Aquello fue un punto de inflexión. La ciudad se desbordó por la avalancha de inmigrantes que cada día se manifestaban en la plaza de España. Los había a cientos. A muchos se les envió a la península. Salto de casilla, nada menos que por encima del Estrecho. “Desde entonces, se hizo una importante inversión”, relata el funcionario español, “se reforzó la valla con una estructura tridimensional”. El coste de 16 kilómetros de alambre fue de 30 millones de euros.
 
 María, un rostro conocido de la televisión local de Melilla, nos lleva por la noche a recorrer la fortaleza. Ahora sí que la valla con sus fasmagóricas luces parece infranqueable. Tres láminas de alambre con una pantalla en lo alto que se vence con el peso hacia Marruecos. Entre las láminas, hay pasillos con laberintos de cables. Si un hombre cayera en el primer pasillo quedaría enredado y sería fusilado con flashes. “Al parecer, al recibir cuatro o cinco flashes, la visión se desestabiliza y pierdes la orientación. No sabes dónde estás”, nos ha explicado el funcionario.
 
La valla proyecta para María un efecto claustrofóbico. Los melillenses se sienten encerrados. “Tengo un amigo que todas las noches cruza la valla para ir a dormir a su casa. Le habían levantado la valla delante de su ventana. Todo es un poco extraño aquí”. Las casas están pegadas a la verja que recorre la circunvalación y parte en dos el cementerio, uno cristiano y otro musulmán. Hace tiempo que hay más musulmanes que cristianos en Melilla. Mueren igual, pero de los primeros nacen más y están allí para quedarse. Los de origen peninsular no lo tienen tan claro.
 
Será por ello que en Melilla florecen las agencias de viaje. La línea de Iberia que realiza ocho vuelos diarios con  Málaga va casi siempre repleta. Por toda la ciudad veremos multitud de todoterrenos. Los fines de semana los melillenses escapan a las desiertas playas del vecino. Su compensación por vivir dentro del alambre. Eso y el complemento de residencia. “Nos atrapa el sueldo. Todos los funcionarios recibimos un complemento de residencia de 800 euros. En Melilla nos aburrimos, pero en la península los sueldos son mucho más bajos”. Eso es lo que retiene a muchos guardias civiles que en la península ganarían 1.400 euros. En Melilla ganan 2.200. En el caso de las fuerzas especiales, el sueldo se incrementa por encima de 3.000 euros por defender tres meses la frontera. 
 
Pero la frontera es más permeable de lo que parece. El método más frecuente de los sin papeles es esconderse en el depósito de combustible de un coche preparado. El que hace el porte, el legal, cobra 400 euros. Si le pillan, se arriesga a 4 años de prisión, de los que cumple dos. “El otro día un Peugeot me llamó la atención. La parte de atrás parecía recién pintada y tenía unos tornillos nuevos. Sospeché. Desguazamos los bajos y vi cuatro ojos muy grandes y asustados. Eran dos chavales africanos. Uno estaba semiasfixiado”, relata el guardia civil.
 
Y es que en Melilla se comercia con todo. Cada día el paso de Beni Enzar se alfombra con cartones hechos jirones y metales retorcidos. Entre los tenderetes en los que se exponen yogures al sol y cordilleras de bidones vacíos de agua mineral, se destripan lavadoras antiguas. La chatarra de Melilla es oro al otro lado. 20.000 personas cruzan cada día para portear fardos de ropa que la comunidad china vende a precios irrisorios. Un calcetín, un dirham; un par de zapatos, dos euros… el paraíso de las Nike de pega. El mercadillo es un vocerío de dialectos. Los almacenes amanecen con rascacielos de ropa y a mediodía el resto de ropa yace en el suelo como cuerpos de una batalla. Todo este movimiento genera, según cifras oficiales, 440 millones de euros al año.
 
A 1.500 metros de Beni Enzar,  se encuentra otro paso, el del barrio chino. Aquí se cruza a pie a través de tornos. El taxista Mohamed nos lleva al lugar. Lo primero que vemos es una motocicleta cargada con cuatro bultos de ropa. Antes de llegar a la rotonda en la que se enfila hacia la frontera, el motorista es asaltado por un grupo de unos veinte marroquíes. El motociclista tira los bultos, regresa a por más ropa y deja a sus paisanos enzarzados a puñetazos. “Es la ley del más fuerte”, explica Mohamed ante nuestra cara de asombro y la pasividad de la Guardia Civil. Uno sale triunfador: su trofeo es  el fardo de ropa. Se aleja insultando a los derrotados de la refriega. Las escenas calcadas se suceden. “¿Para qué está la Guardia Civil?” “Que para qué? Si no estuvieran, se matarían a navajazos. Su presencia disuade”. En contraste con el salvajismo masculino, mujeres menudas acarrean a la espalda fardos más grandes que ellas, rostros ancianos de apenas treinta años que lentamente suben la empinada  cuesta que les separa de la frontera, a la vera de la valla. Desde la lejanía, es un reguero de hormigas aplastadas por gigantescos bultos.

Cada uno de esos bultos pesa cien kilos. El mecanismo nos lo cuenta Mohamed. Un comerciante marroquí compra mil kilos de ropa al proveedor chino. Cuenta con un primer porteador, el de la motocicleta. Este cobra dos euros por cada fardo. Llega a la explanada del barrio chino y entrega la mercancía a quien, a puñetazos, se la gane.  Quien atraviesa la frontera con el fardo tendrá que pagar la ‘rasca’ al gendarme marroquí, pongamos que 50 dirhams. En el momento en que se hace la entrega al otro lado, el porteador cobra cinco euros. Y vuelve a dentro a pelear otro fardo. “Los aduaneros marroquíes cobran unos 250 euros al mes. No viven de esa miseria, sino de la rasca”, nos confirma el guardia civil. ¿Parar esta locura, organizar este caos que se sustenta en la violencia? “No se puede. Melilla se hundiría, vive de esto”. De esto vivía la mujer que el pasado lunes murió aplastada en este lugar,  pisoteada por la avalancha que cada día se desborda sobre la explanada del barrio chino a la busca de los bultos de ropa china. Una situación que ayer volvieron a denunciar medio centenar de personas que se concentraron frente a la Delegación del Gobierno de Melilla para exigir mayores medidas de seguridad para los porteadores  marroquíes en su paso por los pasos fronterizos, escenario de tumultos casi diarios.  
 

Subsaharianos e hindúes no se mezclan en esta contienda. Cuando ya están dentro, vagabundean por la ciudad, limpian parabrisas, enceran los mercedes, matan el tiempo hasta la hora de la comida en  el Centro de  Inmigrantes  de Estancia Temporal (CITE). La aplicación de la Ley de Extranjería es papel mojado. “Mientras no diga su origen, su principal secreto, el inmigrante no se podrá repatriar”, explica Isabel, de Melilla Acoge.  Ahora, de noche, habrá unos 400 dentro del CITE, pero hay  casi los mismos en el exterior. Duermen en chabolas o debajo del puente que cruza el río y que comunica con un inexplicable campo de golf  donde nadie juega.  Nos acercamos a uno de ellos. No habla español. Tampoco inglés. Es argelino. “Prison, prison”, repite señalando el CITE. De  las sombras surgen ojos que nos van rodeando. En un momento se ha congregado una decena.  Uno de ellos, bebido hasta el vencimiento,  gesticula: moriré  aquí, moriré en Melilla. Otro que se cruza, de origen hindú, cuenta una travesía en barco, una llegada a Senegal y largos días andando. Luego pasó en los bajos de un camión. Costó “mucho mucho dinero, todo mi dinero”.

Nassera  es una chica de dieciueve años que exhibe una forzada mirada angelical. Ha perdido su permiso de residencia, asegura. Nace otra sombra que se presenta como Abdul, de Eritrea. Muestra el hierro clavado en una de sus piernas. “Me la cortarán si no lo cura un médico antes, un médico de Madrid”, traduzco de su mezcla de idiomas. Y más rostros. Piden tabaco, piden dinero,  se ofrecen a conseguirnos hachis. “Help, journalist, do you understand?” Rueda la mirada en un carrusel de historias. Uno cuenta que argelinos e hindúes no paran de provocar peleas en el centro, otro cuenta que no duerme ahí dentro porque le llevarán de nuevo a casa, porque le tirarán al desierto…  Llevan todos muchos meses en Melilla. Les exaspera este limbo. Salieron de su casa hace siglos, cruzaron el desierto. “Understand,  periodista español?”
 

En el río de lodo, en la placidez del mediodía, cuatro hombres lanzan artesanales arpones contra las culebras. “¿Qué pescáis?”. “Fish”. “What kind of fish?” “Oh, señor, only fish. ¿Problema?  Fish para comer”. “No, no problema. ¿De dónde sois?” “Bangla Desh”. Una estampa de otro mundo. Muchos mundos, pero todos en éste. Remangados los pantalones, la mirada fija en el roñoso caudal, lanzan la caña y nada. No hay fish en este río. No hay nada en este río en el que navegan restos de las aldeas miserables del otro lado de la valla.
Fuente original: http://www.diariodesevilla.es/article/espana/286646/la/valla/los/mundos.html
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CEUTA: LAS NUEVAS FORMAS DE REIVINDICACION MARROQUI

23 noviembre, 2008

Dos santones para reivindicar Ceuta

Sidi Bel Abbes Sebti nació en Ceuta en 1145 y a los 20 años se trasladó a Marraquech para predicar. Hoy en día es el santón más venerado en la gran ciudad turística. Abu Hassan ash-Shadhili perteneció a una tribu, los ghumara, asentada años atrás en Ceuta. De ahí, a principios del siglo XIII, viajó a Fez para estudiar el islam en la Universidad Al Qarawiyin, que después ayudó a potenciar.

Rabat ha encontrado ahora una nueva modalidad para reivindicar la ciudad autónoma: resucitar a estos dos beatos ceutíes (y a alguno menos conocido), y demostrar su relevante papel en la historia de Marruecos y en la propagación del islam malekita, el que se practica en el reino alauí. Otras ramas del islam, como el wahabismo saudí, rechazan tajantemente a esas figuras religiosas.

Dentro de 48 horas se inaugurará en Fez una conferencia internacional y una exposición sobre Los eruditos de Ceuta en la historia de Marruecos y la relación entre la ciudad y Fez. La patrocinan, entre otros, el Consejo Regional de Ulemas (doctores del islam).

El objetivo es demostrar, según sus convocantes, que mucho antes de que Ceuta fuera portuguesa (1415) y, por supuesto, española (1580), la ciudad estaba plenamente insertada en lo que iba a convertirse en el Reino de Marruecos. Uno de los argumentos esgrimidos frente a Rabat para defender la españolidad de Ceuta es que Marruecos no existía aún cuando la ciudad se incorporó a la Corona de Castilla.

Rabat no ha anunciado, por ahora, ninguna conferencia similar sobre Melilla. La demostración le resultaría más ardua. Cuando en 1497 las tropas del duque de Medina Sidonia la conquistaron, estaba casi en ruinas y despoblada. Aunque pertenecía al sultanato de Fez, apenas estaba arabizada.

La conferencia que empieza un año después de que los Reyes de España visitaran, por primera vez, Ceuta y Melilla, se enmarca en los actos conmemorativos de los 12 siglos de la fundación de Fez, cuna de la monarquía y del islam marroquí.

Fuente original: http://www.elpais.com/articulo/espana/santones/reivindicar/Ceuta/elpepunac/20081123elpepinac_14/Tes