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LAS CAPITALES DEL HORROR MARROQUI: LAS CIUDADES BIDÓN

12 marzo, 2009

Las ciudades bidón de Marruecos, capitales del horror

Casablanca/ “Bienvenidos a la capital del horror, donde puedes encontrar todos los problemas del mundo reunidos en unos cuantos kilómetros”. Así nos introduce en Douar Bouih Zahra, una joven activista de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH). Douar Bouih, cerca de Sidi Moumen, a la entrada de Casablanca, es uno de los bidonvilles que rodean el perímetro de la capital económica de Marruecos.

Los bidonvilles son “las ciudades de bidón”. Así llaman en el reino alauí a las barriadas de chabolas, que a pesar del plan del Gobierno marroquí siguen multiplicándose por todo el país. “No hay ningún tipo de salubridad, ni siquiera tienen cuartos de baño o duchas, no pueden acceder prácticamente a recursos sanitarios, los niños no van a la escuela, y la droga y el comercio ilícito son moneda de cambio en estas zonas”, explica Zahra.

Según cifras del Ejecutivo, en 2008, y sólo en Casablanca, fueron realojadas 4.000 familias (7.500 en todo el país), y este año esperan hacerlo con otras 5.000. Desde que se pusiera en marcha el programa en 2004, de las 95.000 chabolas que se calcula había en la región de Gran Casablanca, ya han sido realojadas 23.000 y se trabaja en otras 24.000. En todo el país son miles y miles las personas que malviven en bidonvilles.

A la mayoría de sus habitantes, según informaciones oficiales del Ejecutivo marroquí, sólo se le exige para su realojo que asuman el 20 por ciento del precio de la nueva vivienda; lo que para la gran masa de marroquíes que puebla las barriadas de chabolas sigue siendo inalcanzable.

La palabra bidonville se usó por primera vez en 1953 en Marruecos para denominar, precisamente, las casas hechas con materiales de desecho. Son los pueblos jóvenes en Perú, los geçekondus en Turquía, las favelas de Brasil, las imijondolo en África del Sur o las villas de la miseria de Argentina.

SUEÑOS QUE SE ESCAPAN

“Los niños que logran ir al colegio tienen que dejar las aulas a los quince años para empezar a trabajar”, cuenta a ACN Press Ahmed Mediany, también de la AMDH. Es el caso de Wafa, que con 16 años ayuda a su madre a tejer y a vender telas en los alrededores de la mezquita más próxima. Su sueño es ser abogada o policía, para “proteger y defender a los más pobres, como mi familia”. Lo cuenta dentro de su casa, una tela que sujeta una pequeña pieza de madera y que no protege del viento o de la lluvia. Es difícil ponerse en pie dentro de ella. Una pequeña cocina, una vieja tele y dos colchones son todo su mobiliario.

La madre, Habiba, nos relata su triste historia mientras las vecinas, con curiosidad, empiezan a acercarse a la tertulia que se ha organizado en su casa; no es habitual ver a periodistas europeos por estas zonas. El cabeza de familia, conductor de autobús, todavía no ha llegado. “Pasa horas y horas fuera de casa para traer el jornal, tres euros al día; ¿cómo vamos a movernos de aquí?”, se pregunta Habiba.

La tienda de Habiba se levanta a pocos metros de un montículo de ruinas, su antigua casa. Una casa que debió ser raquítica y poco acogedora, como el resto del millar de casas de este bidonville, pero que tenía al menos cuatro paredes. “Mi hija tenía que dormir con su abuela, un poco más lejos, y decidimos ampliar un poco el muro de la vivienda, para que pudiéramos estar todos juntos”. Sus otros dos hijos, que no superan los catorce años, asienten.

Sus objetivos se fueron pronto al garete. “Durante el pasado Ramadán, en septiembre, llegaron las autoridades locales y la Policía y no nos dieron tiempo ni de reaccionar, tiraron abajo nuestra casa, enterrando todas nuestras pertenencias, incluso con nuestros documentos personales”. No han podido recuperar ni el acta de matrimonio. Habiba se queja: “Nos pidieron cien euros para no destrozar la casa”, pero no pudieron hacer frente a ese monto. “Hay días que nos alimentamos de pan y té, cómo vamos a pagar cien euros para que no destrocen nuestra casa”.

Habiba le pide ayuda al Estado y con la fotografía del monarca en la mano, también le ruega a él que tenga piedad. A Habiba le parece muy bien que el Gobierno haya puesto en marcha un plan para erradicar los bidonvilles, lo que no le parece tan bien es que cinco años después de su puesta en marcha nadie en Douar Bouih lo conozca. “Vivimos como animales, es vergonzoso”, exclama señalando unos metros más lejos de su casa. Basura, nos enseña los montones de basura que rodean su pequeño, inseguro e insalubre mundo.

Fuente original: http://canarias24horas.com/index.php/2009031162042/internacional/las-ciudades-bidon-de-marruecos-capitales-del-horror.html

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