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EL ABORTO CLANDESTINO, UN ARMA LETAL PARA LAS MUJERES MARROQUIES

25 octubre, 2009

ÁFRICA | Métodos ‘salvajes’

El arma letal del aborto clandestino en Marruecos

  • Sólo se puede practicar si la vida de la madre corre extremo peligro
  • Sin embargo, se realizan entre 650 y 800 interrupciones de embarazo al día

Erena Calvo | Rabat

Una menor de edad embarazada. | E. C.Una menor de edad embarazada. | E. C.

A sus azarosos 16 años, Leila tiene ya una gran experiencia en jugarse la vida. Su matriz da fe de ello. Como miles y miles de niñas de la calle en Marruecos, vagabundea todo el día con un único objetivo: Encontrar pegamento con el que esnifar y olvidar su triste existencia. A Leila la repudiaron en su casa por mantener una relación extramatrimonial y quedar embarazada. Abortó. Volvió a hacerlo una segunda vez y también una tercera.

En la medina de Rabat, con un bote de pegamento entre sus sucias y estropeadas manos, cuenta su experiencia sin darle mucha importancia. “No tenía dinero, ni a nadie a quien recurrir, aborté yo sola con un pincho y fue muy doloroso, física y psíquicamente”. Fue después de ese trago cuando llegaron el pegamento y la prostitución. La primera vez tenía sólo 13 años.

En Marruecos el aborto está castigado por la ley y sólo se puede practicar sin terminar entre rejas en caso de que la vida de la madre corra peligro. Sin embargo, según la Asociación de Planificación Familiar, se realizan entre 650 y 800 interrupciones de embarazo al día —la mayoría, clandestinas— y la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que el 13% de la mortalidad materna está estrechamente relacionada con esta práctica.

Para las mujeres que abortan clandestinamente, la ley contempla de seis meses a dos años de prisión. Para el practicante, entre uno y cinco años de cárcel, que pueden llegar a 20 si la paciente muere en el intento. Los métodos que se emplean son “salvajes”, cuenta Mohamed Graigaa, director de la Asociación Marroquí de Planificación Familiar.

“Se introducen pinchos y ácidos en la vagina o ingieren plantas presuntamente abortivas; a veces lo hacen ellas solas o ayudadas por médicos o enfermeras y en la peor de las ocasiones por charlatanes”, explica Graigaa. Les empuja el “miedo” al repudio de su familia y su entorno, lo que lleva a muchas mujeres a hacer “lo que sea” para desembarazarse del bebé. “Hemos constatado que muchos de estos embarazos se desencadenan, además, tras violaciones“.

Para garantizar la supervivencia de las madres y reducir la mortalidad materna, la Asociación Marroquí de Planificación Familiar, junto a la Asociación Marroquí de Lucha contra el Aborto Clandestino, ha abierto en Marruecos el debate por un aborto libre.

Y en 2008 llevaron su liberalización al Parlamento de la mano de los islamistas moderados de Justicia y Desarrollo. “Es necesario que analicemos bien qué está pasando, derribar los tabúes y apostar por la salud; en Túnez se permite el aborto y se practica hasta 30 veces menos“, afirma Graigaa.

“Nuestro caballo de batalla es que se permita la interrupción voluntaria del embarazo dentro de los primeros 40 días de la gestación”. Tras esas ocho semanas, su propuesta es que se pueda abortar en caso de violación, si la madre tiene problemas mentales y si hay malformaciones del feto. “Pero para conseguirlo, habría que llegar a un consenso con los Ulemas”, las autoridades religiosas.

Krivam, imam en Casablanca, asegura que el islam no prohíbe estrictamente ni el aborto ni el uso de anticonceptivos. “El profeta llegó a emplear métodos naturales en su época para evitar dejar encinta a su mujer”, cuenta. Krivam especifica: “Con 40 días, además, el bebé aún no es un ser humano”. Transcurrido ese plazo, según el Corán, los ángeles de Dios insuflan el alma al niño.

Prostitución

La prohibición “es contraproducente” y las mujeres “terminan abortando al precio que sea”, da fe Graigaa. La interrupción voluntaria del embarazo puede oscilar entre los 200 y los 2.000 euros. “Y muchas mujeres incluso se prostituyen para alcanzar esa suma”.

Y después del aborto, “y también para evitar el repudio y el rechazo de un futuro marido”, muchas veces llega la reconstrucción del himen, cuenta El Aji Fadua, consejera en el centro de planificación familiar de la Asociación de Graigaa, situada a pocos kilómetros de Rabat. Esta operación “cuesta entre 300 y 700 euros y el médico lo que hace es reconstruir la virginidad de la mujer”.

A pesar de ser muy religiosa, El Aji está “curada de espanto”. A su consulta, explica, “acuden cada día decenas y decenas de mujeres con expectativas de abortar; temen el rechazo social”. Y dice que no es un problema localizado en un grupo determinado. “Recibimos a mujeres jóvenes y maduras, solteras y casadas, y de todas las clases sociales”.

Mientras suena la oración en la medina, Leila sigue esnifando y hablando. Hablando y esnifando. Sabe que el aborto es “haram” (prohibido), pero no tiene la menor idea de que algunos actores de su sociedad luchan por cambiar esta situación. Lo único que sabe a ciencia cierta es que su familia olvidó su cara cuando se quedó embarazada y que la echaron sin piedad. Y que, en sus circunstancias, no puede tener un niño.

“¿Cómo voy a hacerlo?”, se pregunta sorprendida. Asevera que no puede a veces ni cuidar de ella misma. “Lo poco que gano limosneando lo gasto en esto”, afirma mientras señala el pegamento. “¿Qué sería de mi niño?, acabaría siendo un niño perdido, como lo soy yo”.

Fuente original: http://www.elmundo.es/elmundo/2009/10/24/internacional/1256407646.html

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