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NACIONALIZAR A HAIDAR, EL PRECIO DE NO MOLESTAR A MARRUECOS

30 noviembre, 2009

Nacionalizar a Haidar, el precio de no molestar a Marruecos

DOS SEMANAS ha tardado el Gobierno en dirigirse oficialmente a Aminatu Haidar, el mismo tiempo que la Gandhi saharaui lleva en huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote en señal de protesta, tras su expulsión del Sáhara Occidental por Marruecos y la negativa de España a facilitarle el retorno. Sin embargo, del contacto mantenido ayer vía telefónica por el ministro Moratinos con la activista sólo cabe deducir que el Ejecutivo aboga una vez más por el subterfugio y el apaño, en lugar de apostar por una acción diplomática con el reino alauí, origen del conflicto.

Ante el progresivo deterioro de la salud de Haidar y las crecientes adhesiones de solidaridad a su causa (hoy destacadas voces del movimiento No a la guerra celebran en Madrid un concierto en su apoyo), el jefe de la diplomacia le ofreció a la pacifista tres opciones para desbloquear la situación: la adquisición de la ciudadanía española, la tramitación de un nuevo pasaporte marroquí y la concesión del estatus de refugiada. Las dos últimas posibilidades están descartadas. Haidar, indignada con el Gobierno español, no acepta un nuevo pasaporte porque el original, confiscado por las autoridades marroquíes, está en regla. Tanto es así, que España ha gestionado la devolución del documento con Rabat, sin éxito. Sobre la opción del estatuto de refugiado, Haidar considera que no tiene por qué pedir asilo para regresar a su casa.

Así las cosas, la concesión de la nacionalidad española con carácter humanitario es la única alternativa que Haidar podría manejar, aunque su abogada ha precisado que «no ha habido un pronunciamiento ni reunión oficial» y que su cliente continuará los próximos días, como hasta ahora, sin ingerir más alimentos que agua y azúcar.

La preocupante postura de Moratinos de no implicar a Marruecos en el desenlace del caso Haidar y su intento de solucionarlo de puertas para adentro con un parche no es más que el corolario de toda una política errática en Asuntos Exteriores. Ayer mismo, participó en una reunión en Bruselas para determinar cómo han de ser las relaciones entre la UE y Cuba, y el ministro defendió que en lugar de mantener una posición europea común, como se ha hecho desde 1996, cada país pueda ir por libre. Otro ejemplo es el de su tibieza ante los ya casi continuos incidentes con la Armada británica en Gibraltar.

Es un hecho que el Gobierno se encuentra entre la espada (Marruecos) y la pared (Haidar) y, en definitiva, frente a sus propias debilidades. Desde su primer día en La Moncloa, el presidente Zapatero antepuso las buenas relaciones con Rabat a las aspiraciones independentistas del Polisario. De ahí su tardanza y su prudencia a la hora de entrar en escena. Es cierto que la presión de Haidar al ponerse en huelga de hambre puede resultar excesiva, pero lo que hace es mostrar las grandes contradicciones del Gobierno con respecto al conflicto saharaui.

Fuente original: http://www.elmundo.es/elmundo/2009/11/29/opinion/21303657.html

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