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CRONICA DEL VIAJE DE ROSA DIEZ AL SAHARA OCCIDENTAL

14 diciembre, 2009
TESTIMONIO DE ROSA DÍEZ

‘Crónica de mi viaje al Sáhara’

  • La diputada de UPyD visita a la familia Aminatu Haidar en El Aaiún
ROSA DÍEZ

No conocía personalmente a Aminatu Haidar aunque, por supuesto, sabía quien era. Toda mi vida he estado muy cerca de la causa saharaui que siempre he considerado como nuestra, la de los demócratas en general y, particularmente, la de los españoles. Los saharauis son nuestros compatriotas. Me gustaría recordar, sobre todo para los más jóvenes, que Sáhara era una provincia española que dejamos al final de la dictadura española, al firmar un acuerdo con Marruecos y Mauritania. Abandonamos la suerte, por tanto, de todos aquellos hombres y mujeres que eran compatriotas nuestros. A partir de ahí, nosotros hemos ido construyendo nuestra propia democracia y ahora somos un país europeo. Ellos no han podido. Lo que tenía una justificación, entre muchas comillas, porque no teníamos democracia y los ciudadanos no podíamos evitar que ocurriera, no tiene justificación ahora ni la ha tenido a lo largo de estos treinta y tantos años en los que hemos pasado de abanderar la solución para un conflicto, que no sólo es político sino también humanitario, al silencio de los últimos años. Un silencio que es cómplice con Marruecos, con los victimarios y absolutamente ajeno al sufrimiento del pueblo saharaui. Por eso, siempre he estado junto a esa causa que es la mía y es la nuestra.

Quise ir a ver a Aminatu Haidar desde que llegó a Lanzarote, pero una gripe que me tuvo en la cama evitó que fuera antes. El primer día que me levanté, tras dar una conferencia en Madrid, cogí un avión para ir a verla. Mientras hablaba con ella, me empezó a contar lo preocupada que estaba por sus hijos, por sus amigos y por la presión que estaba ejerciendo sobre ellos el Gobierno de Marruecos. Al ver la necesidad que ella tenía de ampararlos, se me ocurrió ir a verlos y, de algún modo, darles esa protección a través de la visibilidad, de atraer la atención sobre ellos. Entonces le dije: «¿Qué te parecería que vaya a verles?». A ella se le iluminó la cara, me agarró la mano y me dijo: «Sería estupendo». Pero, inmediatamente, añadió: «No te van a dejar, va a ser imposible. Te van a causar problemas, te van a detener». Yo le dije qué cómo me iban a detener, que soy una diputada española y que lo más que me podía pasar era que no me dejaran entrar. Sin embargo, ella seguía repitiendo que me iba a traer problemas. Y comprendí su reacción, que es la de alguien que vive en el miedo permanente, en una dictadura, el miedo justificado de alguien que conoce el poder represor al que puede ser sometido y que teme, con causa, por todo ello. Desde ese entendimiento, le dije que no se preocupara, que sólo me dijera si ella quería que lo hiciera. Del resto, ya nos ocupábamos nosotros y su gente. Y Aminatu dijo sí, con el rostro nuevamente iluminado.

Aminatu transmite fortaleza y calma, es la sensación que siempre transmiten las grandes mujeres -he conocido algunas así en el País Vasco-. Mujeres que están por encima, que saben lo que tienen que hacer y piensan en los demás, en quienes se van a beneficiar de su lucha. La debilidad física que se puede percibir a primera vista en Aminetu se copmpensa con esa fuerza interior que transmite. Y luego ella es tan amable, tan educada, tan dulce y gozoa, que decimos allí. Ayer, por ejemplo, que hablé con ella un par de veces por la tarde desde El Aaiún, cada vez que terminábamos la conversación me despedía a mí cariñosamente y siempre, en cada una de ellas, me daba besos fuertes y saludos para las dos personas que me han acompañado en el viaje: Maica, mi jefa de prensa, y Jesús Prieto, otro diputado de UPyD. Siempre se acordaba. Y son esos detalles los que te dan la dimensión humana de las personas.

Camino a El Aaiún

Comenzamos a organizar el viaje a El Aaiún. Entonces no lo sabía con certeza, pero todo lo que ha ocurrido ha demostrado lo importante que era ir. Para empezar, el mismo miércoles, llamé a mi marido desde Lanzarote para que me mandara el pasaporte a Madrid y anulé un viaje a Málaga el viernes para recoger un premio de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC). Ya en Madrid, el jueves, intentamos comprar las reservas de nuestros billetes para el viernes pero, o bien se nos caían las de ida o bien las de vuelta… Comprarlas se estaba convirtiendo en una tarea imposible, pero no pensamos nada raro hasta que el sábado nos volvió a ocurrir lo mismo. Las entradas aparecían reservadas y luego desaparecían misteriosamente. La agencia cerraba, las reservas desparecían de la pantalla… Así hasta la madrugada del sábado en que, finalmente, conseguimos los billetes. Con todo ese proceso, me di cuenta de que Marruecos no necesita estar presionando constantemente a las compañías que vuelan al Sáhara, la gente se pone la venda antes de tener la herida. Es más que evidente que se autocensuran. No quieren tener problemas.

Cuando salimos de Lanzarote, me dijeron que Aminatu quería escribir unas líneas a sus hijos para que se las llevara. A partir de ahí todo su entorno me dicen: «No te van a dejar entrar. Ni siquiera vas a coger el vuelo. Ya verás como se caen las plazas». Primero íbamos con la incertidumbre. Luego nos decían que no íbamos a poder pasar la frontera. Pasito a pasito, fuimos haciendo el camino. Al llegar a El Aaiún, los policías estaban diseminados como setas. Unos de paisano, otros de uniformes. Todos muy evidentes. Nos pusimos en la cola, nos preguntaron quiénes éramos y si éramos periodistas, a lo que contestamos que no. Y al fin, lo conseguimos: ¡Pasamos!

Lo primero que hicimos fue llamar al padre de los hijos de Aminatu Haidar, Hayat y Mohamed, de 15 y 13 años, para ir a verlos. Sólo puedo describir el momento en que nos encontramos al fin como emocionante. Sentí cómo se me encogía el corazón y, al mismo tiempo, mucha alegría. Les dije que aunque estaba segura de que ellos ya lo sabían, su madre es una mujer estupenda que está haciendo algo increíble y que las cosas que ella hace son para que ellos no las tengan que hacer de mayores, para que sean libres y tengan sus derechos. Les pedí que no lo olvidaran nunca y, lo más importante, les recordé que no están solos, que les queremos. Que les queremos mucho y a su madre también. Era lo que su madre me había pedido. También me pidió que les besara y les abrazara. Es curioso porque los niños, lo único que me pidieron fue que besará a su Mamá cuando la volviera a ver.

Hayat, la niña, es alta y muy guapa. Dicen que es muy parecida a Aminatu, y es cierto, es muy entera, fuerte y con convicciones. Ella cogió la carta y la leía dulce pero firmemente junto a su hermano Mohamed, que además de más pequeño es más sensible y débil de carácter. No podía evitar echarse a llorar. Luego, cuando lo hablaba con Aminatu, ella me dijo que él era el más tierno, más sensiblero. Por su parte, el padre está soportando muchas presiones y, probablemente, por haberme recibido sufrirá alguna más.

Visitantes ingratos

Mientras estábamos allí aparecieron varios tipos vestidos de negro que no habían sido invitados. La casa estaba llena de familiares y esta gente extraña llamaba la atención. Decían que eran periodistas marroquíes; un periodista francés dijo que eran del Gobierno. Les dije que no iba a atenderles porque aquella era una visita humanitaria, no política, y cuando me puse mis zapatillas para irme, la familia de Aminatu dijo que no, que yo era la invitada y que quienes se tenía que ir eran ellos. Aún así, permanecieron en la puerta, con sus cámaras, intentando grabar y hacer fotos.

Tras nuestra visita a la familia de Aminatu, me dirigí a casa de mi amiga la activista saharaui Djimi El Ghalia, vicepresidenta de la Asociación Saharaui de Violaciones de Derechos Humanos en el Sáhara Occidental. Allí, estábamos charlando y tomando unos frutos secos, cuando llegó una vecina, aparentemente a coger agua de una fuente. Mi amiga y ella compartieron unas sonrisas y algunas palabras. En realidad, aquella mujer venía a avisar: La policía estaba de camino. «Son nuestras señas», me dijo mi amiga. Así es como se ayuda un pueblo absolutamente vigilado todo el tiempo. No un día, sino todos los días de su vida y sin haber hecho nada malo, más que reivindicar el respeto a sus derechos. Al cabo de un rato, efectivamente, era la policía. Me pedían que saliera para echarme. Unos doce policías estaban esperándome. «Usted no tiene permiso para visitar a esta familia», me espetaron. «¿Permiso de quién?», pregunté yo. «Pues del Gobierno, hay una oficina encargada de dar esos permisos», fue la respuesta. Yo ya me sabía la historia, pero empecé a hacerle la reflexión. «¿Cómo una oficina para dar permisos para que veas a tus amigos? ¿Esto no es Marruecos? Yo he estado en Casablanca, en Marraquech y nadie me ha pedido permiso para ir a ver a mis amigos, lo he hecho con libertad». Mientras yo decía esto, el policía, cada vez más impaciente, sólo repetía. «Permiso, aquí hace falta permiso… No empecemos, no empecemos. Permiso o marcharse». Diálogo imposible, pues.

Entramos nos calzamos otra vez y nos marchamos. No se trataba de causarles problemas complementarios a nuestros amigos. Para entrar en casa de los saharauis si eres extranjero tienes que pedir permiso al gobierno marroquí, al mismo con el que España está firmando un convenio de cooperación reforzada como si se tratara de un país europeo, de un estado democrático. Y no lo es. De allí salimos a la carretera, los tres, a buscar un taxi. Nos seguían policías, una vez más, algunos de paisano, otros de uniforme, la mayoría escondiéndose en las sombras, pues ya había atardecido. Los transeúntes nos advertían, sin pararse: «tened cuidado con el de la moto, con el del turbante…». Aquello era como una película mala de espías, sólo que realidad pura. Un pueblo entero protegiéndose. Allí ya cogimos un taxi y pusimos rumbo al hotel, con un convencimiento firme, habíamos hecho bien en ir. Hay que hacerlo, hay que dar testimonio y apoyo.

Una batalla pendiente

Ella está convencida de que esta batalla la tiene que ganar y yo estoy convencida de que no la podemos perder, así que como no perder la batalla es no perderla a ella o viceversa, la única manera de salvar su vida es salvar la batalla. Ningún país del mundo es capaz de sobrevivir por sí solo, ninguno. Si Estados Unidos y la Unión Europea ejercen la suficiente presión internacional, Marruecos cederá. Y ceder ahora significaría dejar a Aminatu regresar a su casa. Por supuesto, luego hay una situación política que se produce desde hace 34 años que hay que solucionar. La grandeza del gesto de Aminatu es haber conseguido mostrar la realidad, llamar la atención sobre el drama que viven los saharauis, un drama olvidado porque ya apenas sale en los medios, en los informativos… Ella ha hecho que todo el mundo mire de frente este problema a través de ella y de su sufrimiento.

La actuación del gobierno español, al acoger a Aminatu Haidar de forma fraudulenta, en contra de su voluntad y del derecho internacional, si España no se hubiera prestrado a esto, ella no hubiera podido ser expulsada de El Aaiún. Nuestro gobierno demostró ahí una enorme irresponsabilidad y a partir de ahí han cometido muchos errores. Primero de carácter político, sí, pero también humanitario y ético. No voy a ser capaz de olvidar esa rueda de prensa que dio el Ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en la que echaba la bronca a Aminatu y no al reino de Marruecos. Pasaron de estar de parte de ese país a, cuando arreció la presión internacional, quererse quedar en medio, como si ello fuera posible, como si ello fuera justo.

Cuando alguien se queda en medio entre la víctima y el victimario, en realidad está con el verdugo. Así de claro. Lo que debemos de hacer es presionar. Primero, a nuestro gobierno para que presione al gobierno de Marruecos y a la Unión Europea. Y para presionar, lo primero que tenemos que hacer es congelar el acuerdo bilateral entre el país alauita con la Unión Europea. Yo lo voy a pedir esta misma semana, que congelen su firma. Además, vamos a presentar una enmienda pidiendo que se bloquee esta firma hasta que no se solucione esta cuestión. Y segundo, que se saque de la agenda de la Presidencia una reunión bilateral que había prevista entre Marruecos y la Unión Europea para los días 7 y 8 de marzo en Granada. Y mientras no se resuelva esta cuestión, no tratemos a Marruecos como si fuera un país europeo, más porque no lo es. Lo que ha pasado con los saharauis estos 34 años es una vergüenza y el caso de Aminatu Haidar me parece la expresión de esa vergüenza, de la falta de dignidad de la comunidad democrática y de hasta qué punto Europa la hemos construido para promover estos negocios y no los derechos humanos y la democracia. Me parece una vergüenza y una enorme cobardía lo que hemos hecho y no hemos sido capaces de resolver. Pero a la vez, esta mujer muestra lo mejor del ser humano, su valentía. Pero ahora, lo primero, es ganar esta batalla, que Aminatu vuelva a casa.

Testimonio recogido por Paka Díaz.

Fuente original: http://www.elmundo.es/yodona/2009/12/14/actualidad/1260803076.html

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VIDEO DE LA VISITA DE ROSA DIEZ A LOS HIJOS DE AMINETU HAIDAR

14 diciembre, 2009

‘Sufro por mi madre pero no puedo pedirle que deje la huelga’

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/12/12/espana/1260645275.html#

  • En la misiva les dice: ‘Pienso en vosotros a cada instante’
  • Ha podido conversar con ellos y una larga y emotiva reunión
  • El estado de salud de la activista se debilita, según los que la han visto
  • Los hijos de Aminatu Haidar han recibido la visita de Rosa Díez en El Aaiún, quien les ha entregado una carta escrita por su madre y ha transmitido su cariño y preocupación. «Pienso en vosotros en cada instante», decía una de las frases de la misiva. Después, la parlamentaria fue expulsada de casa de una activista saharaui por policías marroquíes.

    La diputada de UPyD ha logrado reunirse con Hayat y Mohamed, de 15 y 13 años, con los que ha mantenido una larga y cariñosa conversación sobre su madre, que el domingo cumplió 28 días de huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote.

    Su estado de salud se está debilitando paulatinamente, según ha relatado a Efe el documentalista Pedro Barbadillo tras visitarla: «La he visto muy débil, muy debilitada, prácticamente no podía hablar, hablaba con un hilo de voz».

    La diputada, con la carta. | A. C.La diputada, con la carta. | A. C.

    El mensaje que Rosa Díez ha hecho llegar a la madre después del encuentro es que sus hijos «la quieren mucho». De hecho, ha explicado que el niño está más afectado que la hija, que tiene un carácter más fuerte, «como el de la madre».

    En conversación posterior con ELMUNDO.es, la niña demostró la misma determinación que su madre.

    «¿Pedirías a tu madre que deje la huelga de hambre y cediera?», le preguntó uno de los tres periodistas que estuvieron con ella, entre ellos el de este diario.

    «Sufro mucho por ella, continuamente, pero a la vez, no le puedo pedir que deje la huelga de hambre», decía en un correcto francés con la carta en sus manos.

    «Mi mamá es un ejemplo a seguir. Estamos muy orgullosos de ella y es muy difícil para mí responder a esa pregunta. Yo no se lo puedo pedir».

    En la sala donde Hayat hablaba con esa pasmosa seguridad, los familiares de Aminatu la escuchaban. Una sobrina de cinco años señaló la imagen de la carta y la nombró: «Aminatu».

    Después de este encuentro, la presidenta de UPyD fue a casa de la activista saharaui Djimi El Ghalia, vicepresidenta de la Asociación Saharaui de Violaciones de Derechos Humanos en el Sáhara Occidental. De allí fue expulsada por más de una decena de policías marroquíes, tras advertirle de que sólo se había autorizado su visita a los hijos de Aminatu Haidar «por razones humanitarias», pero que no tenía permiso para estar en esta otra casa de una militante saharaui, según informa Europa Press.

    «Han llamado a la puerta y han entrado diciendo que yo no tenía autorización para estar en la casa. Usted se tiene que marchar de aquí, se tiene que ir, traemos esa orden», relató Rosa Díez.

    «Nos hemos marchado para no dar más problemas. Entonces han venido otros y nos han dicho que por razones humanitarias podía estar con los hijos pero no con la familia de Galia», explicó Rosa Díez. «Ahora estamos por la calle buscando un taxi mientras estos hombres nos siguen a corta distancia», concluyó.

    ‘Todos con Aminatu’

    Rosa Díez llegó a la capital del Sáhara Occidental alrededor de las 14.00 horas del domingo procedente de Las Palmas. En el aeropuerto no tuvo problema para pasar el control de pasaportes tras varias comprobaciones de las autoridades marroquíes. Su objetivo era entregar una carta escrita por Haidar a sus hijos que la activista saharaui escribió en una tarjeta con su imagen dibujada y el lema «Libertad y justicia. Todos con Aminatu».

    En ella se podía leer: «A mis queridos Hayat y Mohamed y a mi querida sobrina Touta. Os quiero infinitamente y os echo mucho de menos. Cuidaos mucho. Vuestra mamá, que piensa a cada instante en vosotros. Os adoro hasta la locura. Aminatu». Además, el objetivo de la diputada de UPyD también era ejercer como «observadora» y velar por que no les pase nada a Hayat y a Mohamed, de 15 y 13 años.

    «Tengo un mensaje de madre a hijos, de una mujer que está preocupada y recuerda permanentemente a sus hijos y les quiere transmitir su cariño, su fuerza y su amor», manifestó Rosa Díez a su llegada a El Aaiún, informa Efe.

    «Creo que es importante que Marruecos sepa que la comunidad internacional también mira a los hijos de Aminatu, porque cuando les miras les proteges«, añadió la parlamentaria, que viaja acompañada por una pequeña delegación de su partido. Díez señaló que, como madre, entiende perfectamente que Haidar pretenda, ante todo, enviar cariño a sus hijos y transmitirles que lleva a cabo su protesta «para que ellos no tengan que hacer lo mismo en el futuro». Por ello, la diputada reiteró que el programa de su visita es «familiar» y consistirá en «charlar con ellos, darles abrazos y besos y escucharles por si ellos quieren enviar un mensaje a su madre», antes de regresar el lunes a España.

    La carta que llevaba Rosa Díez se la dio en mano Haidar el pasado jueves, cuando la diputada fue a mostrarle su apoyo a la estación de autobuses del aeropuerto de Lanzarote. La activista saharaui le expresó, cogiéndola de las manos, la preocupación que sentía por la seguridad de su familia, a la que no se permite hablar con los medios y que tiene la casa cercada por la policía marroquí. Entonces Rosa Díez se ofreció para aportar su granito de arena, con un gesto diferente a la presión institucional y desplazarse hasta el Sáhara para encontrarse con su familia.

    Haidar acogió la idea con «ojos esperanzadores», según el relato de la política. Y le respondió: «Sería maravilloso, pero no te van a dejar entrar. Te pueden detener, ten cuidado, a lo mejor tienes problemas». «No, no, por eso no te preocupes. Si a ti te parece bien, lo hablo con tu gente y voy«, decidió Rosa Díez.

    Fuente original: http://www.elmundo.es/elmundo/2009/12/12/espana/1260645275.html

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    MORATINOS PIDE A ESTADOS UNIDOS QUE REDOBLE LA PRESION CONTRA MARRUECOS

    14 diciembre, 2009

    Moratinos pide hoy a Clinton que redoble la presión sobre Marruecos

    Rosa Díez fue expulsada en El Aaiún de la casa de una activista saharaui

    Más presión sobre Marruecos. El jefe de la diplomacia española, Miguel Ángel Moratinos, se entrevista hoy en Washington con su homóloga estadounidense, Hillary Clinton, a la que animará a hacer más gestiones con Rabat para que flexibilice su postura en el caso Haidar.

    Aminetu Haidar cumple hoy 29 días en huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote para poder volver a El Aaiún, la ciudad de dónde fue expulsada hace un mes por la policía marroquí, que también le retiró su pasaporte.

    El Ministerio de Exteriores español emitió ayer un comunicado por el que el caso Haidar no figura entre los temas a tratar por Moratinos en Washington, pero el presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, dio por hecho, el viernes en Bruselas, que sí será abordado.

    Además de Clinton, Moratinos se reunirá con el senador demócrata John Kerry, que preside el comité de relaciones exteriores de la cámara baja de EE UU. Kerry ha sido uno de los parlamentarios que más sensibilidad ha mostrado con el caso Haidar hasta el punto de llamar al embajador marroquí en Washington, Aziz Mekouar, para solicitarle que permita el regreso a El Aaiún de la activista saharaui.

    La secretaria de Estado ya llamó el jueves por teléfono a su homólogo marroquí, Taieb Fassi-Fihri, para, según su portavoz, expresarle su «preocupación por la salud de la señora Haidar y el deseo de que se intente resolver este asunto cuanto antes».

    Clinton obtuvo el jueves la misma respuesta que, al día siguiente, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, que recibió en Nueva York a Fassi-Fihri y le manifestó también su «gran preocupación».

    Su interlocutor marroquí les contestó a ambos que Rabat «no hará ninguna concesión en este asunto» porque se trata de un «chantaje» detrás del cuál se esconden Argelia y el Frente Polisario, según declaró ayer Fassi-Fihri al diario libanés An Nahar.

    Clinton no ha tratado, por ahora, de ponerse en contacto con el rey Mohamed VI para que dé una salida a esta crisis. El conflicto hispano-marroquí del islote de Perejil quedó resuelto el 18 de julio de 2002 cuando el anterior secretario de Estado, Colin Powell, llamó al monarca alauí y éste dio su acuerdo a la solución propuesta por EE UU con el aval de España.

    Si Marruecos no cede sobre el fondo, ayer sí transigió algo en las formas. Por primera vez permitió a una diputada española opuesta a sus planteamientos -Rosa Díez de UPyD- entrar en el Sáhara. Hasta ahora sólo los invitados de Rabat -el último fue, en mayo, el diputado socialista por Almería Juan Callejón- eran bienvenidos.

    Díez tuvo dificultades para encontrar plazas en vuelos de compañías españolas que enlazan Las Palmas con El Aaiún, algo que no atribuye «a la casualidad», según comentó a este periódico. Finalmente voló ayer y fue tratada «con educación» a su llegada a la ciudad dónde residía Haidar.

    Su objetivo era entregar a los hijos de Haidar -Hayat, de 15 años, y Mohamed, de 13-, así como a su pequeña sobrina, Touta, unas líneas que la activista escribió el jueves en Lanzarote cuando recibió a Díez.

    «Os quiero infinitamente y os echo mucho de menos», reza la misiva de Haidar, escrita en francés. «Cuidaos mucho». «Vuestra mamá, que piensa a cada instante en vosotros. Os adoro hasta la locura», concluye. «Con este viaje espero dejar claro que la comunidad internacional tiene la vista puesta en los hijos de Haidar y, de paso, les protege», declaró Díez.Tras cumplir su misión, Díez quiso hacer doblete. Acudió a la casa de Djimi Ghalia, otra activista, pero la policía irrumpió en la vivienda y la expulsó, según explicó.

    Su visita a El Aaiún no ha suscitado ninguna reacción oficial marroquí, pero el ministro de Economía y Hacienda, Salhedin Mezzouar, advirtió ayer a los partidos políticos españoles que no utilicen el caso Haidar con «fines electorales». Rabat teme ahora que el ejemplo de Rosa Díez sea seguido por otros parlamentarios.

    En la capital del Sáhara, Díez se cruzó con el ex presidente canario, Lorenzo Olarte. Éste declaró allí que Haidar es un «nuevo eslabón (…) de la propaganda que Argelia y el Polisario llevan a cabo», según informó la agencia de prensa oficial marroquí (MAP).

    Fuente original: http://www.elpais.com/articulo/espana/Moratinos/pide/hoy/Clinton/redoble/presion/Marruecos/elpepuesp/20091214elpepinac_4/Tes