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OTRA PRUEBA MÁS DEL GENOCIDIO SAHARAUI

9 diciembre, 2013

La prueba más sólida de la querella por genocidio en la Audiencia Nacional
El informe de la exhumación de dos fosas en el Sáhara se incorpora a la causa que lleva el juez

Una vez recuperados los restos de dos fosas comunes por un equipo de investigación español, las familias de los ocho saharauis, entre ellos dos niños, ejecutados por militares marroquíes, quieren justicia y la pedirán en España. “El último soldado español abandonó el Sáhara el 26 de febrero de 1976 y estos asesinatos se produjeron el 12 de febrero. El informe sobre esta exhumación es la prueba más sólida que tenemos”, explicó Manuel Ollé, abogado de los saharauis que en 2006 presentaron una querella por genocidio en la Audiencia Nacional. Baltasar Garzón se declaró competente para investigar los hechos en 2007 y el juez Pablo Ruz heredó la causa, que sigue abierta.

El informe que Ollé ha incoporado a la querella, elaborado por el forense Francisco Etxeberria y el doctor en psicologia Carlos Martín Beristain está hecho con la metodología de un texto pericial — Etxeberria ha participado como perito, entre otros, en los informes sobre la muerte de Pablo Neruda o Salvador Allende y Beristain ha sido colaborador de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Penal Internacional—.

El abogado confía en que sirva para que el proceso avance y se cite a declarar a los responsables. “Esta querella habla de torturas, desapariciones forzadas, asesinatos de familias enteras, atentados contra la libertad sexual, envenenamiento de pozos de agua… No eran crímenes ordinarios. Tenían una finalidad clara: exterminar al pueblo saharaui, un genocidio. Son crímenes de obligada persecución por la comunidad internacional”, aseguró en unas jornadas organizadas por la Asociación Pro Derechos Humanos y el Consejo General de la Abogacía.

Etxeberria y Beristain expusieron sus hallazgos el pasado 17 se septiembre ante la directora de la Oificina de Derechos Humanos del Ministerio de Asuntos Exteriores, Cristina Fraile. “Nos pidieron que le enviásemos más fotos de los DNI españoles que recuperamos entre los huesos y así lo hicimos al día siguiente, pero no hemos vuelto a tener noticias”, explica Beristain. “Hemos presentado pruebas muy contundentes que merecen una respuesta de nivel. España debería abrir una investigación propia sobre estos hechos, porque eran ciudadanos españoles y pedir a las autoridades marroquíes que colaboren”.

Un familiar de una de las víctimas muestra el DNI español hallado entre los huesos en la fosa común. / ARANZADI
Los análisis de ADN revelan, además, que Marruecos mintió porque en el informe elaborado por la Instancia Equidad y Reconciliación en 2006 aseguraron que cuatro de las víctimas recuperadas en las fosas habían fallecido en un cuartel de Smara. “Se exhuman huesos, pero también verdades. Y esta llevaba oculta desde 1976”, afirma Beristain.

En su último viaje a la zona, del que acaban de regresar, el equipo de investigación español localizó otras tres fosas comunes. El informe estima que hay más de 400 saharauis desaparecidos. “Tenemos que volver. Esperamos poder hacerlo en seis meses. Ahora hemos agotado los recursos. Cuando consigamos apoyo económico, volveremos”, asegura Etxeberria.

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LAS FOSAS DEL SÁHARA OCCIDENTAL Y MARRUECOS

9 diciembre, 2013

“Marruecos dice que mi hermano vive en El Aaiún, pero estaba en una fosa”
Mahmud acaba de recuperar los restos de su padre y su hermano, fusilados en 1976
Un equipo español exhumó en el Sáhara a ocho asesinados por militares marroquíes
Identificados ocho saharauis, dos con DNI español, en fosas comunes

Su madre, Taufa, se despertaba por las noches gritando. Todas, hasta que murió, en 2010. Sus cinco hermanas mayores estaban “siempre tristes”. Él, Mahmud Selma Daf no empezó a estarlo hasta que fue al colegio por primera vez, a los ocho años, y vio que a los otros niños los llevaba y los recogía su padre. Él no tenía. Empezó a preguntar y poco a poco supo de dónde venía esa tristeza que atacaba a toda la familia. “Al principio, mis hermanas me dijeron que mi padre se había ido tras el ganado y que no había vuelto porque el viaje era muy largo. Cuando cumplí 12 años, me explicaron que un niño había visto la ejecución de dos personas y que había reconocido la voz del que pedía clemencia: mi padre. El otro era mi hermano. Entonces comprendí por qué estábamos tristes”, recuerda Mahmud,de 41 años. Tenía solo cuatro cuando militares marroquíes les asesinaron, en febrero de 1976. Él era el penúltimo de ocho hermanos.

Cuando regresó de Cuba después de estudiar ingeniería técnica industrial con una beca del Frente Polisario y pasaporte argelino, Mahmud fue a ver a aquel testigo, que tenía solo 13 años cuando presenció cómo mataban a sangre fría a un padre y su hijo de 14 años. “Desde entonces tuve la esperanza de encontrarlos”, explica. En febrero de este año, un pastor encontró unos huesos en el Sáhara, en la zona de Fadret Leguiaa, en la región de Smara, a 400 kilómetros de los campamentos de Tinduf y a menos de uno del muro marroquí. En junio, un equipo de investigación español dirigido por el forense Francisco Etxeberria y el doctor en psicología Carlos Martín Beristain se desplazó al lugar y abrió en medio del desierto dos fosas en las que yacían los restos de ocho fusilados.

“Mi hermana recordaba perfectamente que mi hermano llevaba el día que desapareció un jersey azul de rombos. Cuando vi ese jersey en la exhumación lloré muchísimo. Paco [Etxeberria] nos iba explicando todo: cómo habían muerto, en qué posición habían caído a la fosa, por dónde había entrado el proyectil, por qué los casquillos encontrados demostraban que los habían matado allí mismo… Cuando nos comunicaron el resultado de las pruebas de ADN nos alivió, pero también nos entristeció, porque supimos con certeza que esas personas a las que llevábamos 37 años esperando ya no iban a volver”.

Cuando regresó de Cuba después de estudiar ingeniería técnica industrial con una beca del Frente Polisario y pasaporte argelino, Mahmud fue a ver a aquel testigo, que tenía solo 13 años cuando presenció cómo mataban a sangre fría a un padre y su hijo de 14 años. “Desde entonces tuve la esperanza de encontrarlos”, explica. En febrero de este año, un pastor encontró unos huesos en el Sáhara, en la zona de Fadret Leguiaa, en la región de Smara, a 400 kilómetros de los campamentos de Tinduf y a menos de uno del muro marroquí. En junio, un equipo de investigación español dirigido por el forense Francisco Etxeberria y el doctor en psicología Carlos Martín Beristain se desplazó al lugar y abrió en medio del desierto dos fosas en las que yacían los restos de ocho fusilados.

“Mi hermana recordaba perfectamente que mi hermano llevaba el día que desapareció un jersey azul de rombos. Cuando vi ese jersey en la exhumación lloré muchísimo. Paco [Etxeberria] nos iba explicando todo: cómo habían muerto, en qué posición habían caído a la fosa, por dónde había entrado el proyectil, por qué los casquillos encontrados demostraban que los habían matado allí mismo… Cuando nos comunicaron el resultado de las pruebas de ADN nos alivió, pero también nos entristeció, porque supimos con certeza que esas personas a las que llevábamos 37 años esperando ya no iban a volver”.

Documento del Grupo de Desapariciones forzadas de la ONU en el que Marruecos asegura que el hermano de Mahmud vive en El Aaiún.
El ADN probó, además, que Marruecos había mentido. En septiembre, la hermana de Mahmud acudió a la sede del Grupo de Trabajo contra las desapariciones forzadas de Naciones Unidas para explicarles el caso. “La ONU le entregó un documento en el que el Gobierno marroquí aseguraba que su hermano no había sido asesinado, sino que había cambiado de nombre y vivía actualmente en El Aaiún [ver documento]”. Pero Mahmud acaba de enterrarlo. “Hemos demostrado con pruebas científicas que mentían. Que Marruecos deje de jugar con nuestros sentimientos”.

El equipo de Etxeberria y Beristain regresó a la zona a finales de noviembre para entregar los restos a sus familiares. Los huesos se envolvieron en ocho lienzos blancos y se anudaron siguiendo la tradición musulmana. A la ceremonia asistieron varios miembros de la Minurso (el contingente de Naciones Unidas en el Sáhara). “El acto tuvo un impacto muy positivo no solo en nosotros, sino entre todos los familiares de desaparecidos saharauis, que ahora tienen esperanza”, explica Mahmud. Los restos se enterraron muy cerca de la fosa donde habían permanecido durante 37 años, y sobre las tumbas se colocó una placa de mármol con sus nombres y una frase del Corán: “En memoria de los mártires”.

Encontrar a los desaparecidos, de los que el dictador argentino Jorge Rafael Videla decía: “No están, no existen”, fue “un gran alivio”. Pero ahora Mahmud quiere que España se implique. “Yo nací bajo bandera española. Quiero que su justicia intervenga, que busque a los responsables. A nadie le gusta saber que el asesino de un ser querido pasea por la calle”.