Archive for 30 abril 2015

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NECESITAMOS UN LÍDER QUE NOS LLEVE A LA GUERRA FRENTE A MARRUECOS

30 abril, 2015

“Necesitamos un líder que nos lleve a la guerra frente a Marruecos”

Jóvenes saharauis protestan contra la prórroga de un año más de la misión de Naciones Unidas en el Sáhara Occidental sin resolver la ocupación de Rabat ni tomar medidas efectivas para proteger los derechos de la población

DAJLA (Campamento de refugiados saharauis en Argelia).- Brahim S.H. habla con un perfecto acento andaluz. De Cantillana (Sevilla), concretamente. “Puedes llamarme’ el sevillano’, si quieres”, dice. Vive en Smala, uno de los cinco campos de refugiados saharauis en el corazón del desierto de Argelia. Regresó hace ahora un año de España. Tenía problemas con los papeles y no encontraba la “paz interior”. Le podía la sensación de haber abandonado a su familia. Tiene 21 años.
“Mi padre murió, mi madre está enferma y tenía el dolor dentro de no devolver a mi familia la apuesta que hizo por mi permitiendo que estudiara en España”, explica. Ahora estudia inglés, ruso, árabe y trata de memorizar el Corán. ¿Y cómo puede ayudar a su familia? “Sacándolos de aquí, tenemos que ganar la guerra a Marruecos”, incide.

Estudió un FP de Administración de Empresas en Cantillana y quiere la guerra. No tiene dudas. Prefiere morir en la batalla que continuar viviendo en un campo refugiados, donde su familia lleva ya 40 años. Recuerda que cuando regresó a los campamentos tras 12 años en España notó que el “ambiente había cambiado”. No es ni mejor, ni peor ─dice─ pero sí diferente. “Mis vecinos ya se han ido. Creo que cruzaron el muro y se han ido a los territorios ocupados. Otros se han ido a Tinduf, en Argelia. No los juzgo. La gente sólo quiere una vida mejor. Aquí los segundos se hacen minutos, los minutos se hacen horas y las horas se hacen días. Es insoportable”, añade.

Se muestra muy crítico con el Frente Polisario, a quien acusa de ser uno de los beneficiados de esta situación. “Ellos tienen a sus hijos viviendo en América y en diferentes países de Europa. Tienen dinero. Están bien. No tienen prisa”, juzga. A pesar de todo, no piensa en abandonar los campamentos. “Tengo que ser fiel a la lucha de mis antepasados”. La única solución, a su juicio, pasa por la guerra. “Mi abuelo me dijo que lo que te quitan levantando las armas sólo se puede recuperar con las armas. Creo que tiene razón”, dice.

Hoy, no obstante, no es el mejor día en la vida de Brahim. Se acaba de enterar de que el Consejo de Seguridad de la ONU tampoco resolverá este año el infierno en el que viven los saharauis en el Sáhara Occidental. Los saharauis denuncian que Marruecos viola sus derechos sistemáticamente y en el campamento de refugiados, donde la dignidad se respira y se palpa en la actitud pero es difícil de encontrar en las condiciones de vida. La ONU ha vuelto a posponer por enésima vez la resolución del conflicto. Ya van cuarenta años y la sensación de que cada segundo que pasa corre a favor de Marruecos es palpable en el campamento.

Una nueva decepción

El Frente Polisario ha convocado una rueda de prensa para este mismo jueves pero ya ha avanzado que se trata de una nueva decepción, que la paciencia se está agotando y que se están viendo obligados a endurecer su postura. Lo hizo en el discurso de apertura del XII edición del Festival Internacional de Cine Fisahara 2015 a través de un comunicado del primer ministro de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), que se encuentra en Madrid. Asegura que el pueblo saharaui “no puede esperar eternamente” y critica que la “credibilidad de la ONU queda como rehén” de su incapacidad de aplicar la legalidad internacional en el conflicto saharaui.

La juventud, evidentemente, le pide más que declaraciones. Muchos de ellos no han conocido otra cosa que kilómetros y kilómetros de arena y plástico. A finales de este año se celebrará el Congreso del Frente Polisario y ahí se tomarán las medidas que el movimiento de liberación considere oportuno. Los jóvenes lo esperan como agua de mayo.

“El Frente Polisario tiene un discurso muy agresivo, pero ahora tiene que trasladar esa agresividad a medidas concretas”, dice Brahim. ¿Y en qué se traduce esa petición? “En ir a la guerra. Necesitamos un líder que nos lleve a la guerra contra Marruecos”, sentencia Brahim, bajo la atenta mirada de Mansur Roh-Fadel, de 25 años, secretario regional del UJSario, la organización juvenil del Frente Polisario.

Mansur asiente con algunas afirmaciones de Brahim, pero no comparte otras muchas. Sobre todo las críticas más feroces contra el Polisario. Parece debatirse entre la sensación de que cada crítica al Polisario será aprovechado por Marruecos para mostrar en los territorios ocupados el descontento de la población con su legítimo representante y la convicción de que la crítica es necesaria para avanzar y fortalecer al Polisario.

“Lo mejor que puede suceder a Marruecos es que el Sáhara estalle. Hay un dicho que dice que matar al enemigo siempre es un placer pero que el mayor placer es que el enemigo sea asesinado por su hermano. Eso es lo que quiere Marruecos”, reflexiona Mansur, que sí que coincide con Brahim en que la guerra es la única y última solución al alcance del pueblo saharaui. Sabe que retomar los fusiles puede ser el exterminio de su pueblo, pero también que Marruecos nunca se irá de la tierra saharaui sin armas de por medio.

“Pienso en esto cada día de mi vida desde que tengo uso de razón. No es una rabieta. Lo tengo muy claro. Si tengo que morir por mi patria, moriré”, afirma Brahim, que cuida con detalle cada palabra que pronuncia. Se puede apreciar su miedo a que sus palabras sean utilizadas por Marruecos. “Lo único que nos queda es la unidad”, sentencia.

La unidad a la que hace referencia Mansur es clave para entender el discurso de estos jóvenes que piden la guerra. Todos los jóvenes con los que Público ha contactado han mostrado su predisposición “a alzar los fusiles”, pero también afirman que no moverán un dedo sin la orden del Frente Polisario. “Lo que tengamos que hacer, lo haremos como pueblo. Si cada uno hace lo que quiere, estaremos perdidos”, cuenta a este periódico Fadili Sidati, de 27 años.

Sidati luce un anillo de compromiso en su mano izquierda. Sin embargo, no tiene novia ni tampoco un proyectos de formar una familia. “Guardo el anillo como recuerdo de la relación, pero no quiero tener una familia aquí. No quiero dar a mis hijos una vida tan triste como la que yo he tenido en estos campamentos”, señala Sidati, que estudió ingeniería mecánica industrial durante los 12 años que estuvo viviendo en La Habana (Cuba).

Este joven es portavoz de Gritos contra el Muro. El último fin de semana de cada mes esta asociación se desplaza hasta el gigantesco muro construido por Marruecos para defender su ocupación del Sáhara Occidental. Allí se desahogan, lanzan cánticos, consignas contra Marruecos y contra la inoperante Minurso (la misión de la ONU en el Sáhata occidental para la celebración de un referéndum de autodeterminación).

“Una olla que va a explotar”

De esta manera, estos jóvenes dan salida a una agresividad que está convirtiendo a los campamentos de refugiados en una olla a presión a punto de explotar. “Ese es el titular que a mi me gustaría. Tenéis que reflejar que esto es una olla, que va a explotar y que nadie puede saber las consecuencias de la explosión”, interrumpe Mansur.

Sidati recibe a Público en la jaima que esta asociación ha plantado en el XII edición del Festival Internacional de Cine Fisahara 2015, que este año está centrado en la justicia universal. “Yo soy de los que no cree en la paz. De hecho, esto que vivimos ahora no es la paz. Es guerra. No hay muertos, pero sobrevivir aquí ya es una muestra de que no nos rendimos, de que nunca hemos abandonado la lucha”, incide Sidati, que abre los ojos todo lo que puede y fija su mirada en el periodista: “Si un hermano mío abandonara los campamentos para irse a vivir a los territorios ocupados por Marruecos, ya no será mi hermano. Un traidor, nunca será mi hermano. Las traiciones a la sangre de nuestros antepasados, no pueden ser hermanos”.

Tras la insistencia del periodista en la locura de que hijos de un campamentos de refugiados se enfrenten al quinto ejército más poderoso, Sidati pone la puntilla al reportaje: “Tienes que entender que me da igual perder esta vida. No la quiero. No sirve. Tenemos que luchar por sobrevivir como pueblo. La muerte será digna si por la vida de nuestro pueblo”.

A su lado Dadh Salama, de 26 años, y también con una licenciatura de la Universidad de La Habana, asiente con paciencia para añadir. “Tenemos un juramento con nosotros mismos. Desde los mártires a los niños, creemos firmemente en la recuperación de nuestra tierra. Nadie sabe cuándo estallaremos, pero está claro que estallaremos”, sentencia.

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LA REPRESIÓN EN EL SÁHARA OCCIDENTAL OCUPADO QUE LA ONU NO QUIERE VIGILAR

30 abril, 2015

La represión de Marruecos a los saharauis que la ONU se resiste a vigilar

Un activista saharahui lamenta la ampliación de la misión de la ONU en el Sáhara Occidental, de nuevo, sin la función de vigilar los derechos humanos: “El acoso es constante”

Acude al festival internacional de cine Fisahara para denunciar la represión de Marrucos y recibir tratamiento médico: “Nos lo niegan por ser activistas saharauis”

La paciencia se agota: “Esto no puede seguir así. Si no reacciona la ONU, habrá que cambiar la vía pacífica”

Viene a los campamentos de refugiados saharauis para “sentir alivio”, pero regresará pronto al lugar donde vive, los territorios ocupados por Marruecos. Volverá para “luchar desde dentro por la autodeterminación” a pesar de los episodios de tortura que denuncia por parte de las autoridades marroquíes. La última, hace 3 meses: “Me cogieron cuando me dirigía a mi casa y me secuestraron durante 24 horas utilizando técnicas de tortura”, dice mientras señala sus manos, con marcas de quemaduras de cigarrillos.

Este miércoles se ha enterado de que el Consejo de Seguridad de la ONU ha prorrogado su misión en el Sáhara Occidental (Minurso)  sin incluir el control de los derechos humanos en la zona controlada por el Estado alauí y sin atisbo alguno de solucionar el conflicto que obliga a esperar en la nada a entre 100.000 y 200.000 refugiados.

“Estamos muy frustrados y preocupados. Estamos escandalizados por que ni siquiera se hayan tomado en cuenta los informes de diferentes organismos internacionales que documentan la vulneración los abusos marroquíes en los territorios ocupados”, añade el activista saharaui, que prefiere no aportar su nombre. La ONU ha vuelto retrasar la vigilancia de los derechos humanos, una labor encomendada a todas sus misiones excepto a esta. Las presiones marroquíes calan principalmente en Francia, cuyo derecho a veto frena cada amago de ampliación de la Minurso. España por el momento ha optado por el silencio.

A principios de abril, el juez de la Audiencia Nacional  Pablo Ruz imputó a once altos cargos y militares del Gobierno de Marruecos por, entre otros, un delito de genocidio por los crímenes que se cometieron contra refugiados del Sáhara Occidental entre los años 1975 y 1992. El auto del magistrado retrata un manual del horror, con todo un sistema detallado de torturas que se repiten en los testimonios de diferentes hombres y mujeres.

José Taboada, presidente de la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS),  afirmó entonces a este medio que esperaba que la decisión judicial volviesa las miradas hacia este territorio, donde los ciudadanos saharahuis encadenan 40 años de frustración en la búsqueda de la independencia de su tierra. “Hay delitos que siguen ocurriendo, la represión, la tortura, el trato en las cárceles… Eso sigue ocurriendo hoy”, decía.

Este activista suscribe sus palabras. La represión marroquí, denuncia, es constante para “cualquier saharaui”. El acceso a un empleo cualificado es limitado. “No se ven pilotos ni médicos saharauis, por ejemplo, en las zonas ocupadas. Es prácticamente imposible”. Pero el “acoso” se multiplica sobre los activistas que, cuatro décadas después del inicio de la ocupación de su país, continúan luchando por recuperarlo.

Enumera de forma calmada los casos en los que asegura haber sido torturado, secuestrado o amenazado. Retorna a 2005. “Fue en el inicio de la primera intifada por la independencia. Fuimos duramente reprimidos y acabé inconsciente. Estuve en coma durante cerca de 6 meses con un tratamiento médico muy limitado… Es un milagro que esté aquí”.

Esta aquí, en Dajla, el campamento de refugiados saharauis que acoge durante estos días el festival internacional de cine Fisahara, para aprovechar la cobertura mediática y denunciar “las constantes violaciones de derechos humanos” que sufre su población, aún hoy. También para descansar y visitar a su familia en otra de las wilayas levantadas en el desierto argelino, el 27 de Febrero. El muro levantado por Marruecos para dividir la zona ocupada de la liberada le aleja de muchos de los familiares, que viven al otro lado.

También viene, asegura, a recibir un tratamiento médico que Marruecos le niega por ser saharaui, además de activista. Después de cada episodio de torturas, dice, no existe un tratamiento médico adecuado. “Nos lo niegan por ser activistas saharauis”, reitera.

“Si no reacciona la ONU, habrá que cambiar la vía pacífica”

“En 2006 me detuvieron cuando organizábamos la recepción a varios activistas saharauis liberados. Me golpearon mucho, me secuestraron durante 10 días, siete de los cuales no podía escuchar nada. Después, me ‘abandonaron’ en el hospital”. Destaca el verbo “abandonar” porque, asegura, no recibió prácticamente atención sanitaria. Según denuncia, lo mismo ocurrió un día antes del desmantelamiento del campamento protesta de Gdeim Izik.

El asentamiento se levantó en 2010 a las afueras de El Aaiún para denunciar el día a día de discriminación de los ciudadanos saharahuis en los territorios del Sáhara Occidental y reclamar sus derechos sociales y ecónomicos. Fue desmantelado de manera violenta por las fuerzas marroquíes el 8 de noviembre, sucesos en los que se registraron cientos de heridos, fallecieron al menos tres saharahuis y once policías marroquíes, según las cifras oficiales.

La violencia no siempre se manifiesta en golpes. Las garantías de la población saharahui se ven restringidas por su origen, denuncian. “A las agresiones a activistas se une que el conjunto de la población está marginada. Estamos esperando a que, esta vez, se vaya en serio. Esto no puede seguir así. A un lado del muro, la gente está abandonada en el desierto. Al otro lado, reprimida. Si no reacciona la ONU, habrá que cambiar la vía pacífica”, concluye.

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Nota: Esta cobertura se realiza en el marco de la celebración del Festival de Cine Internacional FiSahara. Los gastos del viaje corren a cargo de la organización del festival.

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EL GENOCIDIO SAHARAUI, A LOS TRIBUNALES

9 abril, 2015

Ruz procesa a 11 mandos militares marroquíes por genocidio en el Sáhara

El magistrado ordena detener a ocho de imputados por 50 asesinatos y 202 secuestros Los hechos ocurrieron tras la retirada de España de su antigua colonia y hasta 1992

El juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz ha ordenado el procesamiento de 11 mandos militares de Marruecos por el genocidio en el Sáhara Occidental tras la salida de España de su antigua colonia en febrero de 1976 y hasta 1992. El magistrado, en un auto de 40 páginas considera un “hecho” que en esos años se produjo “un ataque sistemático contra la población civil saharaui por parte de las fuerzas militares y policiales marroquíes”. En su resolución, Ruz, que próximamente será relevado en su puesto por otro magistrado, describe al menos 50 casos de asesinatos y otros 202 de detención ilegal por parte de la Gendarmería y el Ejército marroquí de ciudadanos saharauis que tenían DNI y pasaporte expedido por España.

Los ataques contra la población civil se produjeron, relata Ruz, con independencia de que las víctimas formaran parte o no del Frente Polisario, la guerrilla que luchó contra el reino alauí hasta 1991 por la independencia de la antigua provincia española. El magistrado habla en su resolución de “bombardeos contra campamentos de población civil, desplazamientos forzados de población civil, asesinatos, detenciones y desapariciones de personas todas ellas de origen saharaui”. El objetivo de estos actos hostiles era, afirma Ruz, “destruir total o parcialmente dicho grupo de población y para apoderarse del territorio del Sahara Occidental”.

Además de las detenciones, señala el magistrado “se produjeron encarcelamientos prolongados sin juicio, algunos durante muchos años”, y “torturas a personas saharauis por parte de funcionarios militares y policiales marroquíes en diversos centros oficiales de detención ubicados tanto en territorio del Sahara Occidental como en Marruecos”. Ruz sostiene que tales hechos fueron “impulsados” por los altos mandos de los cuerpos militares marroquíes.

Un familiar de una de las víctimas muestra el DNI español hallado entre los huesos en la fosa común. / ARANZADI

El tratarse en muchos casos de víctimas con nacionalidad española, la causa sobre el genocidio en el Sahara no se ve afectada por la reforma de la justicia universal, operada por el PP en marzo de 2013, y que ha supuesto un parón a numerosas causas por delitos de lesa humanidad fuera de España investigados por los jueces de la Audiencia Nacional. La investigación se inició en 2007 tras una querella de la Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis contra 32 personas.

Fuente original: el pais

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FIRMA PARA AYUDAR A LOS PRESOS ESPAÑOLES EN MARRUECOS

8 abril, 2015

Petición para Ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo

Ministro de Asuntos Exteriores: acabe con el infierno de los presos españoles en Marruecos

Presos Marruecos http://www.infiernotanger.com

España

FIRMA AQUÍ: https://www.change.org/p/ministro-de-asuntos-exteriores-acabe-con-el-infierno-de-los-presos-espa%C3%B1oles-en-marruecos

21 horas al día encerrados en una celda de 12 metros cuadrados con veinte personas más, durmiendo amontonados en el suelo sucio y húmedo. No hay duchas, solo grifos con agua fría. Un agujero en el suelo para hacer sus necesidades. Cucarachas, ratas, pulgas. Nula atención médica. Los más de 150 presos españoles en las cárceles de Marruecos viven en un auténtico infierno.

Las condiciones de estas cárceles son totalmente infrahumanas. Antonio García, de 57 años, lo sabe bien. Antonio pasó 16 meses en una prisión marroquí “el infierno de Tánger” enfermo del corazón, diabetes y otras enfermedades crónicas. Consuelo también conoce la dura situación de las prisiones del país vecino, lleva un año y medio en prisión y dos meses después de recibir el indulto de Mohamed VI sigue encarcelada, su estado de salud es delicado, su vida corre peligro, no recibe asistencia médica y nadie hace nada para que pueda abandonar la prisión, aunque su pena ya está cumplida.* Finalmente Consuelo salió de prisión tras cumplir su condena más 12 meses.  Quiere exigir justicia para demostrar su inocencia. Antonio Espín lleva 3 años en prisión, se declara inocente y condenado en un juicio sin pruebas contra el, Espín no ve el día en que pueda salir de ese infierno, como él, muchos otros españoles sufren a diario las horribles condiciones de la prisión junto con los injustos juicios con condenas desproporcionadas y en algunas ocasiones sin pruebas.

Nadie merece vivir en estas condiciones. Todo el mundo tiene derecho a unas condiciones dignas, a un juicio justo y no estar sometidos a torturas, penas ni trataros crueles y degradantes, a la seguridad de su persona, a la presunción de inocencia y a un juicio en el que se garantice su defensión.

Marruecos es uno de los países firmantes de la Declaración de los Derechos Humanos, y tiene una Constitución en la que se reconocen todos estos derechos.

Firma esta petición y pide al Ministro de Exteriores que defienda los derechos de los españoles en el exterior y exija a Marruecos unas condiciones dignas en las cárceles y que garantice los derechos y libertades fundamentales a todos los ciudadanos, incluyendo un derecho a un juicio justo.

También solicitamos que se agilicen los procedimientos de trasladado de Antonio y otros presos españoles en Marruecos para el cumplimiento de su condena en nuestro país.

Para más información visite nuestro blog: http://www.infiernotanger.com

FIRMA AQUÍ: https://www.change.org/p/ministro-de-asuntos-exteriores-acabe-con-el-infierno-de-los-presos-espa%C3%B1oles-en-marruecos

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MARRUECOS, MALA OPCIÓN PARA PRACTICAR DEPORTES DE RIESGO

8 abril, 2015

Relato cronológico de impotencia y angustia en la montaña marroquí

El grupo de espeleólogos españoles denuncia que el segundo herido pudo morir de frío

Según su versión, los gendarmes marroquíes deslizaron su camilla en un río en el rescate

Los familiares y miembros de la expedición de espeleólogos españoles que viajaron a las montañas del Atlas partieron este miércoles hacia España mientras se les practicaba las autopsias en Marrakech a los dos compañeros fallecidos. El grupo pretende ofrecer una conferencia de prensa el próximo viernes en Granada junto a Juan Bolívar, el único superviviente de los tres espeleólogos que sufrieron un accidente el 29 de marzo.

Mientras tanto, varios miembros de la expedición, entre los que se encuentran el padre y el hermano del superviviente, ofrecieron a este diario un relato cronológico del “sufrimiento, angustia, impotencia e incompetencia vivida” durante más de una semana.

Los deportistas resaltan que el sábado 4 de abril los gendarmes marroquíes consiguieron colocar en una camilla al segundo accidentado, José Antonio Martínez, pero la camilla se les deslizó hasta el río Wandras. Lo sacaron enseguida del río y, según su versión, lo dejaron en una terraza del cañón toda la noche hasta que continuaron con el rescate al día siguiente. Sus compañeros aseguran que Martínez quedó empapado toda una noche a cinco grados de temperatura y 3.000 metros de altitud, hasta que por fin lo sacaron al día siguiente. Este es su relato de los hechos.

Viernes 27 de marzo. Llega a Marruecos la primera parte de la expedición de espeleólogos españoles, el Grupo 1 (G-1), formado por los dos fallecidos (el abogado Gustavo Virués y el policía José Antonio Martínez) más el superviviente, el policía Juan Bolívar Bueno. Junto a ellos venía un grupo de enlace o logístico formado por José Morilla, Diego y Juan Bolívar, hermano y padre del superviviente. Estos últimos se sumarían al Grupo 2 (G-2), que llegó a Marruecos el domingo 29. Por tanto, tres personas formaban el G-1 y seis el G-2.

Juan Bolívar. / FADEL SENNA (AFP)

Domingo 29 de marzo. En torno a las 18.30, los tres miembros del G-1 ascienden el cañón del río Wandras. Juan Bolívar vio caer a Gustavo Virués. Al despeñarse rebotó contra varias piedras. Bolívar cree que su amigo murió en el acto. José Antonio Martínez también sufrió una caída. Se golpeó fuertemente la pierna y la cabeza, pero quedó con vida. Cuando Juan Bolívar subió a auxiliarlo, Martínez padecía convulsiones.

Lunes 30 de marzo. Los seis miembros del G-2 no tienen noticias de sus tres compañeros. En ese momento piensan que puede deberse a la falta de cobertura de la zona.

Martes 31 de marzo. Los seis integrantes del G-2 llegan a Tagret, el punto fijado para encontrarse con los tres compañeros del G-1 y continuar juntos la ruta prevista. Al ver que el G-1 no llega comienzan a preocuparse, aunque creen que el retraso puede deberse a la nieve que había caído recientemente y que llegaba hasta la cintura en algunos tramos. El G-1 dejó dicho a los otros que si no llegaban siguieran el recorrido previsto y que ellos los alcanzarían. Pero el G-2 decide quedarse en Tagret.

Miércoles 1 de abril. Al mediodía, en cuanto el guía del G-2 consigue cobertura, llama al refugio de Tarkedit, a la salida del cañón del Wandras, para preguntar si el G-1 había pasado por allí. Al saber que no, el grupo decide alertar sobre la desaparición, tanto a la Embajada española como a la gendarmería marroquí.

El grupo decide acudir al cañón de Wandras. Caminan durante ocho horas hacia Tabán, el pueblo más cercano. Allí toman un coche hacia el Gite o casa rural de La Cathedral, adonde llegan a las cuatro de la madrugada del día siguiente.

Jueves 2 de abril. A las seis de la mañana, tras dormir solo dos horas, el G-2 parte hacia Amezri. Todo el material de escalada lo llevaba el G-1, así que no les queda más remedio que pedirles a unos compañeros de escalada que acampaban cerca de ellos una cuerda de 50 metros, con la esperanza de que les permitieran descender el cañón desde arriba.

José Antonio Martínez. / P. TORRES (EFE)

Cuando llegan al pueblo de Fazhour dejan los coches en los que viajaban y continúan en un 4×4, la única manera de salvar la crecida del río, cuya senda les llevaría a Amezri.

Cuando quedan pocos kilómetros para llegar a Amezri, el vehículo queda atrapado al intentar vadear el río. Lo abandonan y pasan la noche en la casa del “alcalde” de la aldea Imi N-Ikkis, a unos cinco kilómetros de Amezri. “Si estamos agradecidos con alguien”, dijo a este periódico Juan Bolívar, padre del sobreviviente, “es a los bereberes de la zona. Te dan lo poco que tienen”.

Viernes 3 de abril. El G-2 parte muy temprano hacia Amezri, donde la gendarmería les había dicho que un helicóptero les recogería para trasladarles hasta la parte alta del cañón. Al ver que el helicóptero no llega, al mediodía deciden seguir la marcha hasta Tessuet, la población más cercana al cañón del río Wandras.

Como suponían que no habría cobertura, el G-2 se divide en cuatro que ascienden y otros 2 que se quedan en Tessuet para mantener el enlace y coordinación con la Embajada y las familias. Los cuatro que ascienden van acompañados por tres guías bereberes que se les unieron en Tessuet. Pero no llevan mucho material de alta montaña. “Íbamos cargados con lo esencial para el rescate y nada más”, explica José Morilla, uno de los cuatro integrantes que caminaban hacia el cañón.

Viernes 3 de abril. A las seis de la tarde, los cuatro miembros del G-2 y sus tres guías bereberes han caminado durante seis horas, han superado más de 800 metros de desnivel y llegan a la parte alta del cañón. Desde allí divisan a lo lejos algo de color amarillo que podría ser un saco de dormir de sus compañeros. No hay cobertura en la zona y la distancia hacia la esterilla es demasiado lejana (calculan que unos 300 metros) como para hacerse oír. Pasan la noche en vela encendiendo matojos para combatir el frío.

Cuando lo estaban sacando en la camilla, se les deslizó la cuerda y lo metieron en el río. Así que lo dejaron en una terraza del cañón. Y pasó la noche mojado y separado de su cuidador

Sábado 4 de abril. Por la mañana, con las primeras luces del día, vuelven a divisar la profundidad del cañón y atisban a sus compañeros del G-1. Suben a una zona con cobertura para dar las coordenadas del lugar. Observan que la cuerda de 50 metros que llevan se queda corta en al menos 20 metros. Piden medios apropiados, tanto a la Embajada española como a la gendarmería marroquí.

A las pocas horas aparece un helicóptero de la gendarmería para reconocer la zona y traer personal de rescate. Por la tarde, varios gendarmes consiguen llegar hasta el accidentado tras varias horas e intentan evacuarlo, subiéndolo en una camilla. “Lo sacaron de la protección de su compañero ileso que lo llevaba cuidando desde hacia más de seis días”, explica un miembro del G-2. “Tenían que ascender 300 metros con él. Y cuando lo estaban sacando en la camilla se les deslizó la cuerda y lo metieron en el río. Así que lo dejaron en una terraza del cañón. Y pasó la noche mojado y separado de su cuidador”.

Domingo 5 de abril. Llega desde Granada el grupo de socorro de la Federación Andaluza de Espeleología. “Cuando intentaba coordinar el acceso a la zona, desde Uarzazate a la parte alta del cañón, los gendarmes los amenazaron con detenerlos por obstruir las labores de rescate si intentan acceder a la zona del cañón. Así que se fueron a un hotel y al día siguiente, de regreso a Granada”, explica otro componente del G-2.

Al mediodía, Marruecos autoriza la llegada del grupo de rescate de la Guardia Civil. A las 18.00, llega al cañón la Guardia Civil. A la media hora estaban reconociendo al cadáver y al herido, José Antonio Martínez. Los miembros de la expedición creen que Martínez, a esas horas, ya habría fallecido. La autopsia determinará las causas, pero ellos creen que influyó la “mojada” que sufrió la tarde anterior, tras llevar más de siete días accidentado en una zona donde la temperatura rondaba los cinco grados.

Gustavo Virués. / EFE

En torno a las 19.00, Juan Bolívar Bueno, el único superviviente del G-1, sale por su propio pie del cañón, aunque en los últimos metros se le ofrece una camilla. Bolívar llegó a Tessuet acompañado por personal de la protección civil marroquí, que llevaba operando desde Tessuet tres días. “Trabajaban en horario diurno, sin que hubiera coordinación entre ellos y la gendarmería”, se quejan los deportistas españoles.

Lunes 6 de abril. El G-2 se traslada desde Tessuet a Uarzazate, el pueblo más grande de la zona. Queda en el cañón solo un miembro del grupo, David García, que decidió quedarse por si podía ayudar en algo a la Guardia Civil. “David apreció claramente cómo estos sabían lo que había que hacer en ese rescate, a diferencia de la gendarmería”, explica un miembro del grupo.

Martes 7 de abril. Se trasladan en helicóptero los dos cadáveres desde la parte alta del cañón a la morgue de Uarzazate, cuatro días después de que los dos espeleólogos fueran localizados por sus compañeros, seis días después de que ellos dieran la alerta a las autoridades españolas y marroquíes y nueve días después del accidente.

Fuente original: el pais