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MARRUECOS, MALA OPCIÓN PARA PRACTICAR DEPORTES DE RIESGO

8 abril, 2015

Relato cronológico de impotencia y angustia en la montaña marroquí

El grupo de espeleólogos españoles denuncia que el segundo herido pudo morir de frío

Según su versión, los gendarmes marroquíes deslizaron su camilla en un río en el rescate

Los familiares y miembros de la expedición de espeleólogos españoles que viajaron a las montañas del Atlas partieron este miércoles hacia España mientras se les practicaba las autopsias en Marrakech a los dos compañeros fallecidos. El grupo pretende ofrecer una conferencia de prensa el próximo viernes en Granada junto a Juan Bolívar, el único superviviente de los tres espeleólogos que sufrieron un accidente el 29 de marzo.

Mientras tanto, varios miembros de la expedición, entre los que se encuentran el padre y el hermano del superviviente, ofrecieron a este diario un relato cronológico del “sufrimiento, angustia, impotencia e incompetencia vivida” durante más de una semana.

Los deportistas resaltan que el sábado 4 de abril los gendarmes marroquíes consiguieron colocar en una camilla al segundo accidentado, José Antonio Martínez, pero la camilla se les deslizó hasta el río Wandras. Lo sacaron enseguida del río y, según su versión, lo dejaron en una terraza del cañón toda la noche hasta que continuaron con el rescate al día siguiente. Sus compañeros aseguran que Martínez quedó empapado toda una noche a cinco grados de temperatura y 3.000 metros de altitud, hasta que por fin lo sacaron al día siguiente. Este es su relato de los hechos.

Viernes 27 de marzo. Llega a Marruecos la primera parte de la expedición de espeleólogos españoles, el Grupo 1 (G-1), formado por los dos fallecidos (el abogado Gustavo Virués y el policía José Antonio Martínez) más el superviviente, el policía Juan Bolívar Bueno. Junto a ellos venía un grupo de enlace o logístico formado por José Morilla, Diego y Juan Bolívar, hermano y padre del superviviente. Estos últimos se sumarían al Grupo 2 (G-2), que llegó a Marruecos el domingo 29. Por tanto, tres personas formaban el G-1 y seis el G-2.

Juan Bolívar. / FADEL SENNA (AFP)

Domingo 29 de marzo. En torno a las 18.30, los tres miembros del G-1 ascienden el cañón del río Wandras. Juan Bolívar vio caer a Gustavo Virués. Al despeñarse rebotó contra varias piedras. Bolívar cree que su amigo murió en el acto. José Antonio Martínez también sufrió una caída. Se golpeó fuertemente la pierna y la cabeza, pero quedó con vida. Cuando Juan Bolívar subió a auxiliarlo, Martínez padecía convulsiones.

Lunes 30 de marzo. Los seis miembros del G-2 no tienen noticias de sus tres compañeros. En ese momento piensan que puede deberse a la falta de cobertura de la zona.

Martes 31 de marzo. Los seis integrantes del G-2 llegan a Tagret, el punto fijado para encontrarse con los tres compañeros del G-1 y continuar juntos la ruta prevista. Al ver que el G-1 no llega comienzan a preocuparse, aunque creen que el retraso puede deberse a la nieve que había caído recientemente y que llegaba hasta la cintura en algunos tramos. El G-1 dejó dicho a los otros que si no llegaban siguieran el recorrido previsto y que ellos los alcanzarían. Pero el G-2 decide quedarse en Tagret.

Miércoles 1 de abril. Al mediodía, en cuanto el guía del G-2 consigue cobertura, llama al refugio de Tarkedit, a la salida del cañón del Wandras, para preguntar si el G-1 había pasado por allí. Al saber que no, el grupo decide alertar sobre la desaparición, tanto a la Embajada española como a la gendarmería marroquí.

El grupo decide acudir al cañón de Wandras. Caminan durante ocho horas hacia Tabán, el pueblo más cercano. Allí toman un coche hacia el Gite o casa rural de La Cathedral, adonde llegan a las cuatro de la madrugada del día siguiente.

Jueves 2 de abril. A las seis de la mañana, tras dormir solo dos horas, el G-2 parte hacia Amezri. Todo el material de escalada lo llevaba el G-1, así que no les queda más remedio que pedirles a unos compañeros de escalada que acampaban cerca de ellos una cuerda de 50 metros, con la esperanza de que les permitieran descender el cañón desde arriba.

José Antonio Martínez. / P. TORRES (EFE)

Cuando llegan al pueblo de Fazhour dejan los coches en los que viajaban y continúan en un 4×4, la única manera de salvar la crecida del río, cuya senda les llevaría a Amezri.

Cuando quedan pocos kilómetros para llegar a Amezri, el vehículo queda atrapado al intentar vadear el río. Lo abandonan y pasan la noche en la casa del “alcalde” de la aldea Imi N-Ikkis, a unos cinco kilómetros de Amezri. “Si estamos agradecidos con alguien”, dijo a este periódico Juan Bolívar, padre del sobreviviente, “es a los bereberes de la zona. Te dan lo poco que tienen”.

Viernes 3 de abril. El G-2 parte muy temprano hacia Amezri, donde la gendarmería les había dicho que un helicóptero les recogería para trasladarles hasta la parte alta del cañón. Al ver que el helicóptero no llega, al mediodía deciden seguir la marcha hasta Tessuet, la población más cercana al cañón del río Wandras.

Como suponían que no habría cobertura, el G-2 se divide en cuatro que ascienden y otros 2 que se quedan en Tessuet para mantener el enlace y coordinación con la Embajada y las familias. Los cuatro que ascienden van acompañados por tres guías bereberes que se les unieron en Tessuet. Pero no llevan mucho material de alta montaña. “Íbamos cargados con lo esencial para el rescate y nada más”, explica José Morilla, uno de los cuatro integrantes que caminaban hacia el cañón.

Viernes 3 de abril. A las seis de la tarde, los cuatro miembros del G-2 y sus tres guías bereberes han caminado durante seis horas, han superado más de 800 metros de desnivel y llegan a la parte alta del cañón. Desde allí divisan a lo lejos algo de color amarillo que podría ser un saco de dormir de sus compañeros. No hay cobertura en la zona y la distancia hacia la esterilla es demasiado lejana (calculan que unos 300 metros) como para hacerse oír. Pasan la noche en vela encendiendo matojos para combatir el frío.

Cuando lo estaban sacando en la camilla, se les deslizó la cuerda y lo metieron en el río. Así que lo dejaron en una terraza del cañón. Y pasó la noche mojado y separado de su cuidador

Sábado 4 de abril. Por la mañana, con las primeras luces del día, vuelven a divisar la profundidad del cañón y atisban a sus compañeros del G-1. Suben a una zona con cobertura para dar las coordenadas del lugar. Observan que la cuerda de 50 metros que llevan se queda corta en al menos 20 metros. Piden medios apropiados, tanto a la Embajada española como a la gendarmería marroquí.

A las pocas horas aparece un helicóptero de la gendarmería para reconocer la zona y traer personal de rescate. Por la tarde, varios gendarmes consiguen llegar hasta el accidentado tras varias horas e intentan evacuarlo, subiéndolo en una camilla. “Lo sacaron de la protección de su compañero ileso que lo llevaba cuidando desde hacia más de seis días”, explica un miembro del G-2. “Tenían que ascender 300 metros con él. Y cuando lo estaban sacando en la camilla se les deslizó la cuerda y lo metieron en el río. Así que lo dejaron en una terraza del cañón. Y pasó la noche mojado y separado de su cuidador”.

Domingo 5 de abril. Llega desde Granada el grupo de socorro de la Federación Andaluza de Espeleología. “Cuando intentaba coordinar el acceso a la zona, desde Uarzazate a la parte alta del cañón, los gendarmes los amenazaron con detenerlos por obstruir las labores de rescate si intentan acceder a la zona del cañón. Así que se fueron a un hotel y al día siguiente, de regreso a Granada”, explica otro componente del G-2.

Al mediodía, Marruecos autoriza la llegada del grupo de rescate de la Guardia Civil. A las 18.00, llega al cañón la Guardia Civil. A la media hora estaban reconociendo al cadáver y al herido, José Antonio Martínez. Los miembros de la expedición creen que Martínez, a esas horas, ya habría fallecido. La autopsia determinará las causas, pero ellos creen que influyó la “mojada” que sufrió la tarde anterior, tras llevar más de siete días accidentado en una zona donde la temperatura rondaba los cinco grados.

Gustavo Virués. / EFE

En torno a las 19.00, Juan Bolívar Bueno, el único superviviente del G-1, sale por su propio pie del cañón, aunque en los últimos metros se le ofrece una camilla. Bolívar llegó a Tessuet acompañado por personal de la protección civil marroquí, que llevaba operando desde Tessuet tres días. “Trabajaban en horario diurno, sin que hubiera coordinación entre ellos y la gendarmería”, se quejan los deportistas españoles.

Lunes 6 de abril. El G-2 se traslada desde Tessuet a Uarzazate, el pueblo más grande de la zona. Queda en el cañón solo un miembro del grupo, David García, que decidió quedarse por si podía ayudar en algo a la Guardia Civil. “David apreció claramente cómo estos sabían lo que había que hacer en ese rescate, a diferencia de la gendarmería”, explica un miembro del grupo.

Martes 7 de abril. Se trasladan en helicóptero los dos cadáveres desde la parte alta del cañón a la morgue de Uarzazate, cuatro días después de que los dos espeleólogos fueran localizados por sus compañeros, seis días después de que ellos dieran la alerta a las autoridades españolas y marroquíes y nueve días después del accidente.

Fuente original: el pais

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