Archive for 29 mayo 2017

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REPRESIÓN EN marruecos

29 mayo, 2017

Marruecos opta por la represión en el Rif: intenta decapitar la rebelión

El corazón del Rif había quedado sumido en una tregua, por lo menos hasta finales de julio cuando estaba convocada la siguiente gran manifestación, pero las autoridades marroquíes dieron el viernes al traste con ella. No está claro si volvieron a meter la pata o si quisieron acabar de una vez con la rebelión, que empezó hace siete meses, en la provincia de Alhucemas.

Esta vez ha sido el Ministerio de Asuntos Islámicos el que ha echado leña al fuego al querer utilizar a los imanes para desactivar las protestas en Alhucemas y sus alrededores. Recurrir a la religión para alcanzar fines políticos forma parte de las costumbres de su titular, Ahmed Toufiq, no solo en Marruecos sino más allá de sus fronteras empezando por Ceuta y Melilla donde tutela a casi todos los clérigos musulmanes.
Toufiq exigió a los imanes de la provincia de Alhucemas, todos ellos asalariados de su ministerio, que el viernes, el día que más fieles acuden a rezar, pronunciaran un sermón en el que reprochasen a los jóvenes rebeldes el fomentar la “fitna”, el enfrentamiento entre musulmanes. Su orden ponía de facto fin a la tensa calma que reinaba en la provincia desde hacía ocho días.

Tras la gigantesca manifestación del 18 de mayo el Gobierno marroquí se había mostrado conciliador. Cuatro días antes, el 14 de mayo, los seis partidos políticos que conforman la mayoría gubernamental habían estimulado las protestas al publicar un comunicado en el que acusaban a sus cabecillas de “promover ideas destructoras que siembran la discordia” y, peor aún, de ser “separatistas”, es decir nacionalistas rifeños.
A principios de esta semana hubo un cambio de registro. Una delegación de ministros y directores de instituciones públicas viajó hasta la provincia marginada y anunció proyectos sociales, educativos y nuevas infraestructuras, pero no concesiones políticas o culturales. Prometió la apertura en Alhucemas de una antena de la universidad de Tánger, la rehabilitación de escuelas, la contratación de 500 profesores, la remodelación y adquisición de equipamientos para un centro oncológico etcétera. El Estado estaba dispuesto a gastarse unos 900 millones de euros.

La prédica de los imanes puso fin el viernes a la tensa tregua. Causó un gran malestar entre los fieles hasta el punto de que, como sucedió en la mezquita de Omar Ibn Al Khattab en Imzouren, se marcharon del templo para mostrar su desaprobación.

Nasser Zefzafi, de 39 años, el líder carismático de la revuelta rifeña, estaba entre los asistentes al rezo en la mezquita Mohamed VI, la mayor de Alhucemas. Se levantó de inmediato cuando el imán comenzó a arremeter, sin nombrarle, contra el movimiento que él encabeza. Le arrebató el micrófono y se puso a “predicar” acusando al “majzén” (los centros de poder que rodean al rey) de ser el verdadero causante de la “fitna”. “¿Están hechas las mezquitas para Dios o para el “majzén”?”, se preguntó indignado.

Escoltado por decenas de jóvenes Zefzafi volvió entonces a su casa desde cuyo tejado continuó arengando a la muchedumbre hasta que las fuerzas de seguridad de acercaron para apresarle. Huyó entonces a toda prisa. El fiscal general del rey en Alchucemas confirmó poco después, en un comunicado, que había ordenado su detención por “entorpecer la libertad de culto” al haber “impedido al predicador continuar su sermón y pronunciar un discurso provocador en el que insultó al imán” y “perturbó la tranquilidad y sacralidad del culto privando a los fieles de la última oración del viernes del mes de Chaâbane” (mayo).

Si Zefzafi hubiese pronunciado esas mismas palabras fuera de la mezquita no habría puesto en bandeja a las autoridades un pretexto para detenerle y, probablemente, encarcelarle. La prensa afín al poder, como el diario online “Le 360”, acusa ya a Zefzafi de “comportarse como Al Baghdadi [líder del Estado Islámico] durante la oración del viernes”.
En su escondite, que la policía busca día y noche, Zefzafi grabó un vídeo ampliamente difundido en las redes sociales. Asegura estar bien e insta a los jóvenes rifeños a “preservar el carácter pacífico de sus manifestaciones”. “Hemos vencido y hemos visto el miedo en sus rostros”, concluye refiriéndose al “majzén”.
Los jóvenes de Alhucemas no han seguido sus consejos. Con piedras y palos atacaron, el viernes por la tarde, a los antidisturbios obligándoles a veces a retroceder y causando tres heridos graves en sus filas, según un balance oficial. Las fuerzas del orden tampoco flaquearon a la hora de reprimir. El sábado por la mañana habían detenido a una veintena de jóvenes cabecillas y trataban de echar el guante a bastantes más. No les temblaba el pulso a la hora de registrar numerosos domicilios particulares empezando por el del propio Zefzafi.
Rabat parece haber optado por la represión sin contemplaciones. Prueba de ello es el nuevo comunicado del fiscal en el que señala: “Los primeros elementos de la investigación han puesto de relieve que las personas implicadas (…) se han beneficiado de transferencias de fondos desde el extranjero así como de un apoyo logístico para desarrollar campañas contra la unidad del reino y sus instituciones así como contra los símbolos del Estado (…)”. El mensaje implícito es que el Estado no puede dialogar con “traidores” que enarbolan la bandera de la efímera República del Rif (1921-1926).
El fiscal no menciona a Argelia, pero probablemente la que tiene in mente. Asume así las denuncias formuladas por un puñado de medios de comunicación marroquíes y, sobre todo, algunos internautas afines al poder y muy activos en las redes sociales. Todos ellos sostienen sin aportar pruebas que el “oro de Argel” financia unas protestas cuyo coste es irrisorio.
El que se lleva la palma en Twitter es el Consejo Real Consultivo para los Asuntos Saharianos, un centro de apoyo a la oferta marroquí para el Sáhara Occidental. “Los servicios secretos argelinos no lograrán nunca en Alhucemas lo que no consiguieron en el Sáhara”, es uno de sus mensajes más repetidos. Aquellos que propagan calumnias a través de las redes han descubierto incluso quien es el jefe para Marruecos del servicio secreto argelino: un periodista español que desde Tetuán cubre el país donde reside para varios diarios en España.

La prueba de sus vínculos con los “separatistas” rifeños la constituye una foto suya sentado en un salón junto a Zefzafi cuando le fue a entrevistar poco después de haberse reunido con el primer ministro marroquí, Saahedine el Othmani, para formularle también algunas preguntas. Afortunadamente buena parte de la prensa marroquí se ha tomado a broma estas acusaciones.

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LOS SAHARAUIS BUSCAN SER APÁTRIDAS EN ESPAÑA

26 mayo, 2017

Las solicitudes se han disparado en los últimos años y en 2015 se ha marcado un récord de resoluciones positivas tras una sentencia favorable que ha abierto la puerta al reconocimiento del estatuto a esta población.

Brahim Chagaf es un cineasta de 29 años que ha dirigido una película con 100 euros de presupuesto. Pero esta no es la única peculiaridad que lo caracteriza: es un apátrida. Como él, otros cientos de saharauis han conseguido oficialmente este estatuto en España en los últimos años.

“Si nuestra historia no se ha escrito, que por lo menos se pueda ver”, dice Brahim, quien no quiere dedicarse al cine solo por vocación. Quiere hacer visible la causa de su pueblo, que lleva más de 40 años dividido entre los territorios ocupados por Marruecos y los campamentos de refugiados de Argelia. “Sin identidad se acaba por dejar de existir”, afirma sentado en la cama de su cuarto en uno de los colegios mayores de la zona universitaria de Madrid, donde llegó hace un año para estudiar cine. En un viaje anterior a la península había solicitado el reconocimiento del estatuto de apátrida, un trámite cuyas peticiones se han multiplicado por 30 entre 2006 y 2015.
“Este repunte se dio porque se ganó un procedimiento judicial que reconocía en determinados casos el estatuto de apátrida a la población saharauis”, explica Anna Figueres, abogada en la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado (CCAR), entidad española miembro de la Red Europea de Apatridia (European Network of Statelessness, en inglés). De las 34 solicitudes presentadas en 2006 se pasó a las 1.151 en 2015, la casi totalidad de ellas presentadas por saharauis, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Interior. Ese mismo año, más de 1.000 peticiones se resolvieron de manera favorable, la cifra más alta registrada y tres veces superior a la de 2014. 
UNA PERSONA SE CONSIDERA APÁTRIDA CUANDO NINGÚN PAÍS LE RECONOCE COMO SU CIUDADANO

En el mundo hay al menos 10 millones de apátridas, según ACNUR, la Agencia de la ONU para los refugiados, una cifra que se corresponde a un cuarto de la población española. Una persona se considera apátrida, según la normativa internacional, cuando ningún país le reconoce como su ciudadano. En el caso de los saharauis sí existe un Estado que les otorga un DNI y un pasaporte. Pero este Estado, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), solo está reconocida por algunos países de África, Latinoamérica y Medio Oriente.
“Fue muy duro tomar la decisión de pedir el estatuto”, admite Brahim, quien nació en el campamento de Dajla y se quedó huérfano de padre cuando era un niño a causa de la guerra. “Pero me hacía falta una documentación para viajar y seguir aprendiendo”, dice mientras enseña su pasaporte verde donde en la casilla de nacionalidad se lee “apátrida”. Con este documento, válido cinco años y renovable, puede residir en España y viajar libremente dentro de Europa y, con visado, a los demás países. “Me convencí de que solo es una herramienta, que va a ser temporal”.

La población saharaui sigue a la espera de celebrar bajo la égida de la ONU un referéndum de autodeterminación que nunca llega. El conflicto estalló después de que España, potencia colonizadora, se retirara del Sahara Occidental en 1976 y Marruecos y Mauritania se repartieran la zona, la gran parte de ella bajo el control del reino alauita. El Frente Polisario declaró entonces su independencia y la población saharaui está hoy repartida entre los territorios ocupados por un lado y la “zona liberada” y los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia, por otro.
La habitación de Brahim es pequeña y de paredes blancas. Al fondo, cerca de la ventana, está colgado un póster de la película Cinema Paradiso. “Aquí suelo tener la bandera saharaui”, dice señalando con la mano la pared al lado de su cama, “pero ahora no está porque ayer la llevé a la emisión de la película”.
ESPAÑA NO CONCEDÍA EL ESTATUTO A LOS SAHARAUIS ALEGANDO QUE TENÍAN NACIONALIDAD ARGELINA

Habla de Patria dividida, el primer largometraje rodado por un equipo enteramente saharaui. Estrenada en 2013 y grabada con una cámara y un micrófono atado a un palo de escoba, se filmó en los campamentos de refugiados de Tinduf. “En Marruecos cuentan que en los campamentos vivimos secuestrados y es falso; queríamos hacernos escuchar a través de este medio que no tiene barreras para evitar que nuestra causa caiga en el olvido”, explica Brahim.
El largometraje habla de un joven saharaui perseguido por soldados marroquíes y obligado a cruzar el “muro de la vergüenza”, un perímetro de casi 3.000 kilómetros rodeado por siete millones de minas que separa las zonas liberadas de los territorios ocupados. Sidi Talebbuia, presidente de la Asociación Profesional de Abogados Saharauis en España, explica que el Estado español concede el estatuto de apátrida solo a los saharauis que viven en los campamentos. “Y solo después de las sentencias de la Audiencia Nacional y del Supremo”, confirma. “Antes el Ministerio alegaba que tenían la nacionalidad argelina porque Argelia les otorga un pasaporte, que en realidad es un simple título de viaje que no concede la nacionalidad”.
El pasaporte de apátrida implica, en cierto sentido, renunciar a una patria a cambio de poder moverse por el mundo y, en un futuro, solicitar la nacionalidad del país que ha concedido el estatuto. A los saharauis que viven en las zonas ocupadas, sin embargo, se les deniega esta posibilidad. “Es porque se les impone la nacionalidad marroquí”, contexualiza Talebbuia. En su opinión, “los saharauis deberían ser españoles antes de ser apátridas, porque si no se reconoce la RASD se tiene que respetar la nacionalidad anterior, que es la española”. “Es un conflicto diplomático”, zanja.
En 2004, la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sahara empezó a organizar de la mano del Ministerio de Cultura saharaui un festival de cine en los campamentos de Tinduf, el Fisahara. A raíz de esta iniciativa nació la escuela de cine donde Brahim fue antes alumno y después profesor. Desde este viernes hasta el uno de junio se estrena en la capital Le Yuad, el segundo largometraje codirigido por Brahim.
Sentado en la cama con las piernas cruzadas, Brahim dice que faltan pocos días para acabar sus clases. “¿Cómo me veo dentro de unos años?”, se pregunta. “Haciendo cine, pero espero que ya no sea en un campamento, sino en las zonas ocupadas, finalmente libres y con un pueblo soberano”.

ERRADICAR LA APATRIDIA EN 10 AÑOS

Según ACNUR, cada 10 minutos nace un niño apátrida en el mundo. Entre las causas están los conflictos, el desmembramiento de Estados, el no reconocimiento de minorías… “No tener nacionalidad implica la falta de acceso a derechos muy básicos, como la educación primaria o la sanidad”, explica Aleksandra Semeriak, de la CCAR. Ella misma lo padeció en su piel: hija de madre bielorrusa y padre ucraniano, nació en Letonia en 1987 cuando aún era parte de la URSS. Cuando el país se independizó, más de medio millón de personas se quedó sin nacionalidad. “No podíamos votar, ni ocupar cargos públicos”, explica.

En 2014, con ocasión del 60 aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas, ACNUR lanzó una campaña, #IBelong (#Yopertenezco). Su objetivo es erradicar la apatridia en 10 años, a través de una campaña de sensibilización y de compromisos políticos que prevengan casos futuros.