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FIRMA PARA AYUDAR A LOS PRESOS ESPAÑOLES EN MARRUECOS

8 abril, 2015

Petición para Ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo

Ministro de Asuntos Exteriores: acabe con el infierno de los presos españoles en Marruecos

Presos Marruecos http://www.infiernotanger.com

España

FIRMA AQUÍ: https://www.change.org/p/ministro-de-asuntos-exteriores-acabe-con-el-infierno-de-los-presos-espa%C3%B1oles-en-marruecos

21 horas al día encerrados en una celda de 12 metros cuadrados con veinte personas más, durmiendo amontonados en el suelo sucio y húmedo. No hay duchas, solo grifos con agua fría. Un agujero en el suelo para hacer sus necesidades. Cucarachas, ratas, pulgas. Nula atención médica. Los más de 150 presos españoles en las cárceles de Marruecos viven en un auténtico infierno.

Las condiciones de estas cárceles son totalmente infrahumanas. Antonio García, de 57 años, lo sabe bien. Antonio pasó 16 meses en una prisión marroquí “el infierno de Tánger” enfermo del corazón, diabetes y otras enfermedades crónicas. Consuelo también conoce la dura situación de las prisiones del país vecino, lleva un año y medio en prisión y dos meses después de recibir el indulto de Mohamed VI sigue encarcelada, su estado de salud es delicado, su vida corre peligro, no recibe asistencia médica y nadie hace nada para que pueda abandonar la prisión, aunque su pena ya está cumplida.* Finalmente Consuelo salió de prisión tras cumplir su condena más 12 meses.  Quiere exigir justicia para demostrar su inocencia. Antonio Espín lleva 3 años en prisión, se declara inocente y condenado en un juicio sin pruebas contra el, Espín no ve el día en que pueda salir de ese infierno, como él, muchos otros españoles sufren a diario las horribles condiciones de la prisión junto con los injustos juicios con condenas desproporcionadas y en algunas ocasiones sin pruebas.

Nadie merece vivir en estas condiciones. Todo el mundo tiene derecho a unas condiciones dignas, a un juicio justo y no estar sometidos a torturas, penas ni trataros crueles y degradantes, a la seguridad de su persona, a la presunción de inocencia y a un juicio en el que se garantice su defensión.

Marruecos es uno de los países firmantes de la Declaración de los Derechos Humanos, y tiene una Constitución en la que se reconocen todos estos derechos.

Firma esta petición y pide al Ministro de Exteriores que defienda los derechos de los españoles en el exterior y exija a Marruecos unas condiciones dignas en las cárceles y que garantice los derechos y libertades fundamentales a todos los ciudadanos, incluyendo un derecho a un juicio justo.

También solicitamos que se agilicen los procedimientos de trasladado de Antonio y otros presos españoles en Marruecos para el cumplimiento de su condena en nuestro país.

Para más información visite nuestro blog: http://www.infiernotanger.com

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INTENTAN EVITAR LA DEPORTACIÓN DE UN ACTIVISTA SAHARAUI CONDENADO A CADENA PERPETUA

4 marzo, 2015

El saharaui que crispa a Marruecos

Hassanna Aalia tenía seis o siete años. Un día, cuando estaba en la escuela, un profesor marroquí perdió la paciencia y, colérico, levantó la voz para regañar a los alumnos. “¡Saharauis sucios!”, espetó en medio de la clase. “¿Sucios? ¿Por qué sucios?”, se preguntó entonces aquel niño. Y esa primera inquietud, planteada solo en su cabeza, fue desencadenando muchas otras: “¿Por qué nos tratan mal? ¿Por qué me obligan a aprender un idioma diferente al de mis padres? ¿Por qué hay tantos militares y policías en las calles? ¿Por qué papá se esconde para escuchar las noticias en la radio? ¿Por qué huyeron mis tíos? ¿Por qué tenemos miedo?”. Las respuestas llegaron poco a poco —en esa transición de la niñez a la adolescencia, que en su caso también fue una transición de la inercia al activismo—, pero hoy, con 26 años y a 2.000 kilómetros de distancia, Aalia las resume así: “Son las consecuencias de haber nacido en un territorio ocupado”.

El territorio del que Aalia habla desde Bilbao es el Sáhara Occidental, colonia de España hasta 1975. La escuela que hoy recuerda estaba en aquella región anexionada y gestionada por Marruecos desde 1976, vigilada por una misión de la ONU desde 1991 y a la que —insiste con vehemencia— no puede volver. “Si regreso, me encierran de por vida”, cuenta Aalia, un joven flaco, de mediana estatura, que habla con la voz baja, casi como si estuviera revelando un secreto, y al Rabat acusa de tener relación con la muerte de 11 agentes marroquíes y dos civiles.

Su vida se ha partido en dos: en un antes y un después de su participación en los campamentos de Gdim Izik, entre octubre y noviembre de 2010. La protesta —una especie de acampada a las puertas de la ciudad de El Aaiún, la capital— reunió a 20.000 personas que exigían mejores condiciones de vida. “Fue el inicio de la primavera árabe“, valora con una mezcla de orgullo y desazón, en partes iguales, porque ese también fue el inicio de su autoexilio.

Hoy ha debido acostumbrarse a vivir entre flashes y micrófonos, a peregrinar por Ayuntamientos y Parlamentos, a participar en conferencias universitarias, a reunirse con abogados, incluso a caminar por la calle y que le pidan una foto. Pero hoy, sobre todo, espera que el Ministerio del Interior revierta la decisión de denegarle el asilo político que pidió hace tres años. Aalia llegó a España en octubre de 2011 con una beca de formación en derechos humanos coordinada por EGE, una ONG vasca que trabaja, principalmente, en el desarrollo de mujeres y jóvenes. En esas estaba cuando se enteró, ya en Bilbao, de que en Marruecos se había emitido una orden de búsqueda y captura por su participación en Gdim Izik.

Aalia argumenta que en 2013 un tribunal militar de Rabat le condenó —a él y a una veintena de saharauis— por la muerte de 11 agentes y dos civiles durante el desmantelamiento de los campamentos, el 8 de noviembre de 2010. Él niega haber matado a nadie e, incluso, duda de que en realidad hayan fallecido todas esas personas. Su “único delito”, añade, fue “atreverse” a disentir. Su labor en Gdim Izik, según su versión, consistía en trasladar a representantes de ONG y periodistas desde El Aaiún, sin que fueran detectados en los controles militares.

¿Qué pasó ese 8 de noviembre? “Los militares desmantelaron los campamentos por la fuerza y entraron brutalmente a las casas de El Aaiún para buscar a los organizadores”, cuenta Aalia, que añade que durante la mañana participó en las manifestaciones, pero por la tarde, cuando vio que empezaron las detenciones, se escondió en la casa de una amiga.

Aalia asegura que su labor consistía en trasladar a ONG y periodistas desde El Aaiún hasta los campamentos

Marruecos ofreció otra versión y justificó el ingreso porque un grupo con “antecedentes penales” se había “apoderado” de los campamentos y estaba obligando a los saharauis a permanecer en ellos. “Nosotros participamos libremente”, reprocha Aalia, “¿en serio creen que alguien podía retener a tantas personas?”.

El juicio ha sido cuestionado por organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch, entre otras razones, porque un tribunal militar juzgó a civiles —un procedimiento habitual en Marruecos desde hace décadas— y por las denuncias de torturas para conseguir las supuestas confesiones. “Interior se apoya en la sentencia, sin cuestionarla, para denegarle el asilo”, critica Javier Canivell, abogado de Aalia y responsable del Servicio Jurídico de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) en Euskadi. El ministerio, contactado por este periódico, no ha querido pronunciarse sobre el caso por la confidencialidad de los expedientes de asilo.

La defensa destaca que Aalia fue juzgado “en rebeldía” porque no estuvo presente en el juicio y que por ello no tienen un documento oficial en el que conste que Aalia ha sido condenado a cadena perpetua. “Nos basamos en las versiones de quienes estuvieron en el juicio y en los informes de observadores y organismos de derechos humanos“, señala Canivell.

¿Qué pasa después de la denegación? Aalia tenía 15 días para salir de España desde que se le notificó la decisión, el pasado 19 de enero. No lo hizo. Su defensa presentó un recurso ante la Audiencia Nacional para que revise el proceso y suspenda cautelarmente la orden de salida.

Aalia, mientras tanto, cuenta que continuará denunciando los “abusos” de Marruecos. Un activismo que empezó con 17 años cuando —dice— escuchó por primera vez el himno saharaui durante una manifestación. Al inicio solo se unía a las protestas, pero después empezó a participar en la organización, una tarea por la que —asegura— ha sido detenido “tantas veces” que no recuerda con precisión. “Más de 10, por lo menos. Te golpean, te quitan la ropa, te amenazan con violarte con botellas. Lo que buscan es que tengas miedo, te calles y dejes de protestar”.

Cuando no está en conferencias o reunido con algún político, Aalia intenta llevar la vida de cualquier joven de su edad. De vez en cuando queda con sus amigos por WhatsApp para tomar algo en el Casco Viejo o se conecta a Internet para hablar con su familia en El Aaiún —sus padres y cuatro hermanos—. Vive en Bilbao con la familia de Itziar Fernández Mendizábal, una activista 64 años a la que llama “ama” y a la que presenta como su “mamá vasca”. Ella preside la ONG que le ofreció la beca. “En el Sáhara conocí a Hassanna y a su familia, unas personas comprometidas. Vimos que lo habían expulsado del instituto y que allí no tenía oportunidades de formarse”, relata Fernández, casi con recelo, porque prefiere hablar más del Sáhara y menos de su vida.

“Mi mamá vasca fue a la boda de mi hermana y me trajo vídeos. Fue una manera de estar ahí”, cuenta Aalia en el salón de su casa. Del techo cuelgan telas que imitan la forma de una jaima, una especie de tienda de campaña típica del Sáhara. “Lo ha hecho ama, creo que para que me sienta en casa”.

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ESPAÑOLES EN LAS CARCELES MARROQUIES: MALTRATO, ENFERMEDADES Y HACINAMIENTO

9 noviembre, 2008

Más de 200 españoles cumplen condena en Marruecos, la mayoría de ellos por tráfico de drogas

MADRID, 9 Nov. (EUROPA PRESS) –

   Un total de 219 españoles, de los que 26 son mujeres, cumplen condena en las cárceles de Marruecos, la mayoría de ellos acusados de un delito de tráfico de drogas y con penas menores a los cinco años de prisión, según los últimos datos facilitados a Europa Press por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, correspondientes al 31 de octubre de 2008.

   Marruecos es el país que alberga un mayor número de presos españoles detenidos por drogas, seguido de Perú y Brasil, ambos con más de 150 juzgados por este tipo de delitos.

   De ellos, más de la mitad de los internos cumplen condena en la prisión de Tánger, una cárcel en la que los reclusos viven hacinados, con falta de higiene y sin acceso al agua caliente, según varios los sucesivos informes de Amnistía Internacional y Asochofer, la asociación que agrupa a conductores y camioneros, uno de los sectores con más integrantes en las cárceles de Marruecos acusados de traficar con drogas.  

   El penitenciario tangerino, popularmente conocido como Satfilage, cuenta con el doble de reclusos de lo que su capacidad permite. Tras él, se sitúan por número de españóles encarcelados, la cárcel de Tetúan, al norte del país y con 41 españoles; la prisión de Nador, con 17; Casablanca, donde hay siete; la cárcel de Rabat, con 6; y finalmente, la prisión de Agadir, con un español, según cifras del departamento de Interior a fecha del 11 del pasado junio.

   Una pequeña parte de los condenados españoles han sido detenidos por contrabando, por robo o por estafa. Asimismo, las autoridades marroquíes acusan a otra minoría de delitos de falsificación y violación. Otro grupo se encuentra apresado en el Reino alauí por varias infracciones, relacionadas éstas con la estancia ilegal en el país, con extorsiones o con la seguridad vial.

   En cuanto a las penas impuestas, 127 detenidos cumplen condenas de menos de cinco años, frente a los 24 que afrontan una que se puede alargar durante una década. Sólo dos españoles han sido condenados a permanecer más de diez años en prisión, y, finalmente, el resto aún no han sido juzgados, según la información de Exteriores.

ATENCIÓN ESPAÑOLA.

   En este escenario, funcionarios del consulado visitan, al menos una vez al mes, a los presos españoles, quienes también reciben semanalmente, por orden de la delegación diplomática, un paquete de alimentos y medicinas. Asimismo, los reclusos perciben una dotación mensual de 120 euros y un tratamiento médico especial, en el caso de que el detenido lo requiera.

   El sistema español también permite a los cónsules acudir a visitar a los presos cada seis meses, o en un menor periodo de tiempo en el caso de que soliciten alguna gestión especial. Desde la entrada en vigor del Convenio firmado entre España y Marruecos en materia penal hasta el 1 de junio de este año han sido trasladados un total de 121 detenidos a nuestro país.  

MALOS TRATOS

   En este contexto, Amnistía Internacional ha venido denunciando, en sus últimos informes, el aumento de las torturas y los malos tratos que sufren los internos, no ya sólo durante su estancia en prisión, sino también en los interrogatorios policiales.

   Tras los atentados de Casablanca, el Reino alauí adoptó una nueva Ley antiterrorista y, según pudo saber la Asociación pro Derechos Humanos, se produjo un “incremento notable” de las denuncias de malos tratos ante la “pasividad” de las autoridades del país vecino. Sin embargo, Amnistía Internacional no ha podido facilitar ningún informe desde 2004 sobre la situación de los reos en las cárceles marroquíes por la dificultad que supone acceder a ellas, según informó la asociación a Europa Press.

   Por su parte, Asochofer recogió, durante este año, una serie de misivas, enviadas por un grupo de reclusas españolas, en las que denunciaban el hacinamiento y las condiciones de las celdas en la prisión de Tánger.

   Frente a ello, las autoridades diplomáticas españolas manifiestan en todos sus contactos a los responsables marroquíes su deseo de que la situación de los presos españoles mejore en estas cárceles. De hecho, destacan que nuestro sistema de ayuda es uno de los mejores a nivel europeo e incluye ayudas económicas y asistencia médica y alimenticia.

1.861 ESPAÑOLES DETENIDOS EN EL EXTRANJERO

   En la actualidad, un total de 1861 españoles se encuentran detenidos en el extranjero, la mayoría de ellos en Marruecos, Francia y Perú por delitos relacionados con el tráfico de drogas.

   Según datos de octubre facilitados por Asuntos Exteriores a Europa Press, Marruecos acoge a 219 condenados, Francia a 211, Perú a 163 y Portugal a 131 españoles. Entre ellos, las mujeres presas rondan la treintena, mientras el número de varones condenados se acerca, por regla general, al centenar.

   Por otra parte, el gran número de ellos cumplen penas de prisión por un periodo comprendido entre los cinco y los diez años. Una pequeña proporción de los internos solicita el traslado a España, siendo superior entre quienes se encuentran en las cárceles de Brasil, Venezuela y Ecuador.  

   Entre los países que cuentan con un sólo detenido español están Cabo Verde, Argelia, Guatemala, Grecia, India o Rumania, todos ellos por causas relacionadas con las sustancias estupefacientes.