Posts Tagged ‘desierto’

h1

GENOCIDIO EN EL DESIERTO

18 septiembre, 2008

Marruecos abandona a 48 inmigrantes en el desierto

Marruecos abandona a 48 inmigrantes en el desierto

17-09-2008  

Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto

Los inmigrantes que se encontraron en el desierto habían sido detenidos en Canarias. efe

EUROPA PRESS | MADRID La ONG Médicos del Mundo solicitó ayer al Gobierno español y a la Unión Europea que presionen al Ejecutivo marroquí y eviten más expulsiones de personas inmigrantes al desierto situado al sur del Sáhara Occidental. Desde el pasado 7 de septiembre, se ha localizado a un total de 48 personas inmigrantes en el desierto. Todas ellas, según Médicos del Mundo, han relatado haber sido expulsadas a la zona por la gendarmería marroquí.
Después de una semana de búsqueda, Médicos del Mundo localizó a tres personas en la tierra de nadie que separa el Sáhara Occidental del norte de Mauritania, y también ha tenido contacto, junto con la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), con tres grupos de 29 inmigrantes subsaharianos localizados en territorio mauritano. “Ante la sucesión de hechos de este tipo y dado el carácter tan complejo que presenta la zona”, la organización médico-humanitaria consideró en un comunicado que “ha llegado el momento de que la comunidad internacional afronte el asunto”.

Repetición. “La situación se viene repitiendo con demasiada frecuencia desde finales de 2005 y ningún Estado parece ponerle freno”, afirmó Teresa González, presidenta de Médicos del Mundo, que recordó que el área donde se abandona a los inmigrantes es “una zona desértica y minada” en la que estas personas inmigrantes “corren grave peligro”.
“La complejidad de un caso en el que intervienen dos países como Marruecos y Mauritania, un territorio ocupado como el Sáhara Occidental y ciudadanos de varios Estados subsaharianos exige que tanto el Gobierno español como la UE presionen al Reino alauí para que acabe con estas expulsiones”, concluyó González.
Por ello, Médicos del Mundo destacó que la implicación e intermediación de las autoridades españolas y europeas resultan “imprescindibles” para resolver una crisis que se han convertido en recurrente.
Médicos del Mundo puso en marcha, con la colaboración de CEAR, Cruz Roja española y la Media Luna Roja mauritana, un dispositivo de búsqueda y atención desde el momento en que encontró al primer grupo de 16 inmigrantes. Según sus testimonios, formaban parte de un grupo de 73 personas que había partido en cayuco desde Nouadhibou (Mauritania) con la intención de llegar a Canarias. Su embarcación quedó a la deriva durante quince días hasta que fue interceptada por las autoridades marroquíes y los 40 supervivientes fueron encarcelados en ese país. Según sus declaraciones, las 33 personas restantes murieron durante la travesía. Posteriormente, las ONG hallaron más grupos de inmigrantes abandonados.

h1

GENOCIDIO DE INMIGRANTES EN MARRUECOS

9 septiembre, 2008

“Están perdidos en medio del desierto, en una zona minada”

Médicos del Mundo busca a 21 inmigrantes abandonados por Marruecos en la frontera entre Mauritania y el Sáhara Occidental.- Otros 33 habrían muerto en el mar o tras su travesía en el desierto

JUAN CARLOS GALINDO – Madrid – 08/09/2008

 

Este es el relato de un viaje al infierno, el de 73 inmigrantes subsaharianos que partieron rumbo a Canarias, como otros tantos otras tantas veces, con la diferencia de que esta vez conocemos los detalles. Al menos 33 de ellos murieron en la travesía. El resto, después de días a la deriva, fueron interceptados y encarcelados por las autoridades marroquíes, que luego les han soltado en medio del desierto, según el relato de 16 inmigrantes encontrados hoy en una situación lamentable por miembros de Médicos del Mundo. Un equipo de la ONG, acompañados de miembros de la Cruz Roja y del Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR), han buscado durante toda la tarde a los 21 inmigrantes restantes, perdidos en una zona minada cerca el muro que Marruecos construyó en el Sáhara Occidental, no muy lejos de la frontera con Mauritania.

La región se llama Kandahar por su parecido con la de Afganistán y es “una zona de cinco kilómetros, tierra de nadie”, precisa Guillermo Algar desde la ONG. Según las últimas informaciones transmitidas por la gente de la zona, los supervivientes se habrían dividido en dos grupos.

“El problema es que nadie sabe dónde están esas minas” relata a ELPAÍS.com la presidenta de Médicos del Mundo, Teresa González. “Pueden estar dando vueltas, no se saben orientar, no están acostumbrados al desierto” añade. En el mejor de los casos se dirigen al sur, a la ciudad mauritana de Nouadhibou, hacia donde caminaban los inmigrantes encontrados, 14 hombres y dos mujeres. Otro de ellos, en estado grave, habría sido hallado por la Gendarmería de Mauritania. ”

“Sus lesiones dan verosimilitud a su relato”, asegura González, “tienen los pies destrozados y quemaduras en la piel que indican que habrían estado en alta mar, porque no es tan fácil que una piel tan negra se queme”. Las autoridades marroquíes les soltaron después de aproximadamente 10 días de cautiverio, según el relato de los supervivientes, que también aseguran que dos de sus compañeros murieron en el trayecto por el desierto. Puede sorprender que los marroquíes les suelten tras diez días en prisión. “No saben qué hacer con ellos y les sueltan en la frontera, les da igual, no les importa la repercusión internacional”. De hecho, la ONG tiene constancia de otras ocasiones en las que Marruecos ha hecho lo mismo, “incluso durante la crisis de las vallas en Ceuta y Melilla”.

h1

CARTA ABIERTA A PETER VAN WALSUM

26 agosto, 2008

 

CARTA ABIERTA A PETER VAN WALSUM

Por Jose el Bidani (Cooperante en Tindouf)

 


Estoy en los campamentos de refugiados que hay en Tindouf. El estado y pueblo saharaui en el exilio sobreviven a duras penas ante el calor dominante del mes de agosto. La novedad no es superar los 50 grados, sino no pasar de los 40. Digan lo que digan hay cosas a las cuales uno no se acostumbra, y una de ellas es vivir en el infierno. 5 somos los cooperantes que estamos ahora en la Hamada argelina acompañando al pueblo saharaui. Y casi todos los días, parece que el objetivo por el cual estamos aquí se funde junto a la esperanza de ver algo diferente por estas latitudes.

De repente, de sorpresa, como suele pasar por estas latitudes, llega a mis manos dos páginas de El País con las últimas declaraciones del Sr. Peter van Walsum. Leo y releo sus declaraciones. No puedo reprimirme por más tiempo, y enviarle una carta…

CARTA ABIERTA A PETER VAN WALSUM

Estimado Sr. Walsum,

 

Usted no me conoce, pero yo al menos tengo el placer (o no sé si lo contrario) de haberme cruzado en su camino. Recuerdo su anterior visita a los campamentos, a principios del año. Era un día más de mi vida como cooperante, y me dirigía a trabajar como todas las mañanas, en compañía de un compañero saharaui, en un destartalado Nissan. Frente al complejo presidencial del gobierno saharaui en el exilio, una abigarrada comitiva de vehículos, escoltada por la guardia civil saharaui, cortó nuestro paso. Entre los vehículos que desfilaron como una exhalación ante nosotros, tuve el privilegio de ver su rostro como una aparición fugaz. El rostro extremadamente serio, casi cadavérico, unido al perfil enjuto y la mirada ida a un punto indefinible del horizonte, junto a la seriedad de su atuendo, daba la sensación de que usted era llevado a dar la extremaunción en un olvidado patíbulo. Gracias a su prisa, esa visión fue tan fugaz que el estremecimiento que sufrí pronto pasó al olvido.

 

Más sin embargo, por la tarde, me disponía a ir a la Escuela del 27 de Febrero, a unos 12 km. de Rabuni, cuando a la altura del control de circulación, nos topamos con una lujosa caravana de Toyotas imponentes y tristemente familiar. Volvía a encontrarme con usted. La caravana internacional, que no superó los 40 km por hora, formó un pelotón de vehículos a sus espaldas inusual en este lugar. Las Naciones Unidas habían logrado colapsar la única carretera de estas latitudes. La interminable travesía solo se veía trastocada por los vehículos que venían en sentido contrario, que debían literalmente lanzarse a un arcén imaginario para permitir su paso.

Cuando llegamos al 27 de Febrero, las viviendas de los refugiados empezaron a flanquear la carretera. Entre ellas, había algunas jefas de barrio distribuyendo la escasa ayuda humanitaria. A su paso dejaron su labor, para comenzar a lanzar zgarits (su famoso alarido) y consignas con signos de victoria en sus manos. Muchos de los peatones que se cruzaron con usted, repitieron el gesto. Entre las palabras que pude escuchar a sus espaldas, independencia sonaba alta y clara. Por fin pudimos desembarazarnos del atasco, para reanudar nuestros quehaceres, así como el del resto de los testigos de la situación.

Más cuál sería mi sorpresa, cuando, subido a una pequeña loma intentando encontrar cobertura en mi móvil una hora después, vuelven a pasar unos inmaculados vehículos por la pista. Esta vez, la caravana se había transformado en tres o cuatro vehículos, y su porte ceremonial había dado paso a una especie de discreta salida por una vía secundaria. En aquel momento pude volver a ver su rostro, igual de enjuto y seco, y con la misma mirada ida de la mañana. Algunos saharauis a mi alrededor tuvieron tiempo de arengarle diciendo lo que quiere este pueblo, que es recuperar su derecho a la existencia y la independencia. Pero pude observar como aquellos gritos hechos con determinación, no lograron atravesar las lunas de su vehículo, y mucho menos, hacer pestañear aquella gélida mirada.

Estos recuerdos han salido a flote al leer sus declaraciones tan secas y gélidas como sus paseos por los campamentos. Y curiosamente contradictorias. Decir que “el Polisario tiene la legalidad internacional de su lado,” pero “que el Consejo de Seguridad no está dispuesto a ejercer sus poderes en función del capítulo VII de la Carta de la ONU, y a imponerla”… ¿qué significa esto? Y que a pesar que el Tribunal de la Haya dictaminó sentencia en 1975, y que el “Consejo de Seguridad, que ostenta el poder de organizar ese referéndum, pero que no lo hace porque rehúsa imponer una solución” ¿Y esto otro? ¿De qué y para qué sirve entonces la legalidad internacional y el Consejo de Seguridad?

Dicho Consejo, “debe respetar la legalidad internacional, pero también tener en cuenta la realidad política sobre el terreno”. ¿Se refiere con esto al bloqueo de las autoridades marroquíes de acceder a las zonas ocupadas y ver qué es lo que allí ocurre por parte del resto del mundo? ¿O quizás a la crisis humanitaria que sufren los refugiados saharauis en Tinduf, que ya no saben cómo enfrentarse a lo que ya parece una hambruna obligatoria? Ah, será por eso que usted dice que “el empeño del Polisario en la plena independencia ahonda el bloqueo y perpetúa el statu quo”. Aunque me da la sensación que quien perpetúa dicho statu quo es Marruecos y sus aliados a través del Consejo de Seguridad.

Y que sepa, que la sociedad española no da falsas esperanzas, sino que hace lo que puede, a veces bien, a veces mal (no dejamos de ser humanos con pocos medios), pero con dos dedos de frente para saber cuál es la realidad política sobre el terreno.

Sr. Walsum, le invito a desvestirse de su armadura anti realidad, porqué no, ahora mismo. Es buen momento para conocer la realidad política de los campamentos. 46 grados a la sombra, la ayuda humanitaria que no acaba de llegar, y varias generaciones de personas obligadas a vivir en estas condiciones de desolación y olvido teniendo la legalidad internacional de su parte. Admiro su sangre fría para pasar por delante de esto y más por los campamentos, y que no influya en su visión fría e imparcial de la realidad política de este surrealista contencioso.

Ah, que no puede venir ahora, claro, estamos en el puente de agosto, muchos compromisos vacacionales… pues nada, cuando quiera, aquí estaremos, muy a nuestro pesar, esperando que alguien de los de arriba tenga la suficiente cordura para ver la realidad política sobre el terreno. ¿Qué cual es la realidad política sobre el terreno? Quizás unos guisantes secos que se reparten a los refugiados, que cuando se cocinan inundan el ambiente con un poco apetitoso olor que acaba por quitar las ganas de comer.

Cordialmente, 

Jose el Bidani