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UNA TRIBU SE REBELA CONTRA EL REGIMEN MARROQUI

27 enero, 2010

Los Ait Sgougou plantan cara al Estado marroquí

Fatna tiene 36 años, pero parece que arrastre ya más de 50 a sus espaldas. La vida es dura en las montañas del Medio Atlas marroquí. Nos recibe hospitalaria en su casa, una pequeña chabola donde vive con sus siete hijos y su marido. Ni un grifo, ni un interruptor, ni un cuarto de baño. Son lujos que no han llegado a su hogar.

Mientras humea apetecible el cuscús que prepara en un pequeño hornillo, y protegida por su numerosa familia, dice tener miedo de las autoridades. “Quieren robarnos lo único que tenemos, nuestras tierras, ¿Qué vamos a hacer? ¿Dónde vamos a ir?”.

Colectivos amazighs organizaron el sábado pasado una caravana solidaria al pueblo bereber de Azaghar. Sus habitantes denuncian al Estado de una “expropiación encubierta“.

Las autoridades trabajan en 5.000 de las 45.000 hectáreas de la tribu de los Ait Sgougou y, según la población, “se escudan en la plantación del atriplex, una planta de forraje innecesaria” porque su ganado ya tiene pastos y tras la plantación, se quedarán sin él y se verían forzados a “abandonar estas tierras” colectivas que pertenecen a toda la tribu.

En la zona malviven 500 familias, con unos siete hijos por barba y 150 euros al mes para alimentarlos. Su único modo de vida es el pastoreo. En su comuna, Hammam, viven en medio de la nada.

Para acceder a la loma de la montaña donde habitan los Sgougou hay que circular por carreteras imposibles que se convierten para ellos en una pesadilla cuando tienen que ir a algún pueblo a las ferias de ganado o cuando tienen que acudir a un hospital. El más cercano está a 35 kilómetros, que se traduce en una hora y media de coche. O casi todo un día a pie o a los lomos de un mulo.

Ni hospital ni escuela

“Nuestra única riqueza son nuestras tierras, son fértiles y buenas para nuestros animales”, explica Mohamed Sheriff, un hombre de 80 años al que todos respetan en el pueblo. “Las autoridades nos engañaron, dijeron que construirían aquí un dispensario médico, que mejorarían las carreteras y la escuela y que nos darían trabajo, que participaríamos en la puesta en marcha de las infraestructuras”.

Desde que empezaron los proyectos, en 2004, no se ha movido ni una piedra. “No estamos en contra del Estado, ni de que haga proyectos aquí, estamos en contra de su manera de actuar y de que quieran plantar 5.000 hectáreas de atriplex, no nos hace falta; es verdad que esa planta es de forraje, pero se emplea en zonas desérticas y esta no lo es; además tarda cinco años en crecer, ¿qué hacemos hasta entonces?”, sigue Sheriff, para quien la plantación de esa especie “es una manera de expropiar nuestras tierras y echarnos del pueblo”.

Qarqab Akdelmagid es el presidente de la comuna. Según su versión, construirán 50 kilómetros de pista, instalarán ocho fuentes de agua y repartirán entre la población 300 hornos de gas. Nada de hospitales ni escuelas.

La mayoría de la población de Azaghar es analfabeta. Hablan su lengua, el tamazigh. Y no saben leer ni escribir, tampoco conocen el árabe clásico. Para Naciri Mohamed, representante de la asociación local Taferant, “no hay centro sanitario ni colegio porque no está en el proyecto; sí se comprometieron a ello en un acuerdo verbal, pero no por escrito”.

Siete detenidos

Ahora han plantado cara al Estado. “La última vez que vinieron a continuar con la plantación nos manifestamos pacíficamente, siete de los nuestros fueron detenidos y ahora tendrán que ser presentados ante la Justicia“, se lamenta Fatna mientras sigue atenta su cuscús.

No es la primera vez que los amazighs denuncian la expropiación de tierras y otros “atropellos” del Estado, dice Naciri, quien se siente marginado por las autoridades marroquíes. Aún así, en los últimos años, los bereberes han conseguido representación en el Parlamento marroquí, desde hace unas semanas cuentan con un canal de televisión propio –todavía en fase de pruebas– y sus asociaciones continúan infatigables la batalla para evitar que se extinga su lengua y se pierda su identidad.

Fuente original: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/01/27/internacional/1264610092.html

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